Día 233 · viernes, 21 de agosto
"Y hasta la vejez yo mismo, y hasta las canas os soportaré yo; yo hice, yo llevaré, yo soportaré y guardaré."ISAÍAS 46:4
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 233, Cargado Hasta el Final.
"Y hasta la vejez yo mismo, y hasta las canas os soportaré yo; yo hice, yo llevaré, yo soportaré y guardaré." Isaías 46:4.
Este capítulo comienza con una escena casi cómica, si no fuera tan triste: los ídolos babilónicos Bel y Nebo siendo cargados sobre animales cansados, porque ellos mismos no pueden moverse. Son dioses que pesan sobre los hombros de quienes los cargan, que necesitan ser transportados, escondidos, salvados de la destrucción. Y es justo después de esa escena que Dios se presenta como el opuesto absoluto: "Yo hice, yo llevaré." Tú no cargas a este Dios. Él te carga a ti.
Fíjate en la frase "yo mismo". En hebreo, esto hace eco directo del nombre que Dios reveló a Moisés en la zarza ardiente: Yo Soy el que Soy. No es un título cualquiera — es la afirmación de que Él es constante, inmutable, el mismo en cada generación. Un dios que cambia de humor, que se cansa, que pierde interés con el tiempo, no podría hacer esta promesa. Pero el Dios de Israel sí puede, porque Él no cambia.
Y mira el alcance de esta promesa. El versículo anterior habla del vientre materno — desde antes de nacer. Este versículo habla de canas — hasta el final de la vida. Dios no está prometiendo cuidado solo en la juventud, cuando estás fuerte, productivo, lleno de energía. Promete cuidado hasta la vejez, hasta cuando el cuerpo ya no responde como antes, hasta cuando quizás te sientas olvidado por el mundo a tu alrededor.
Y fíjate en los cuatro verbos que Dios usa sobre sí mismo: yo hice, yo llevaré, yo soportaré, yo guardaré. Hice — Él es tu Creador. Llevaré — Él carga el peso diario de tu vida. Soportaré — Él te sostiene cuando las piernas flaquean. Guardaré — Él garantiza el rescate final. No hay una etapa de tu vida que quede fuera de esta lista. Ninguna.
Esto me hace pensar en cómo el mundo trata el envejecimiento — muchas veces como pérdida de valor, como un problema a gestionar, como algo que se evita mencionar. Pero Dios promete justamente lo opuesto: cuanto más encanecen los cabellos, más firme se vuelve su cargar. Él no suelta la mano de nadie a mitad de camino.
Entonces hoy, quiero invitarte a pensar en una persona mayor que conoces — puede ser un abuelo, una vecina, alguien de tu iglesia que ya no sale tanto de casa. Alguien que quizás se esté sintiendo olvidado justo ahora. Llámala. Visítala, si puedes. O, como mínimo, ora específicamente por ella hoy, recordando en voz alta que Dios promete cargarla hasta el final — y que tú puedes ser parte de cómo Él hace eso.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.