Día 230 · martes, 18 de agosto

El Desierto Florecerá

"Se alegrarán el desierto y la soledad; el yermo se gozará y florecerá como la rosa."ISAÍAS 35:1

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Transcripción

Hola, mi querido... qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 230, El Desierto Florecerá.

"Se alegrarán el desierto y la soledad; el yermo se gozará y florecerá como la rosa." Isaías 35:1.

Fíjate en el escenario que elige Isaías para esta promesa. No es un jardín ya florecido que se pondrá aún más bonito. Es el desierto. Es la tierra solitaria. Es el yermo — el lugar más árido, más abandonado, más improbable de todo el paisaje. Y es justo ahí, en ese escenario de sequedad extrema, donde Dios decide colocar su promesa más vívida de restauración.

Eso ya dice mucho sobre cómo trabaja Dios. Él no elige solamente los lugares que ya van bien para hacer algo hermoso. Él elige el desierto. Elige lo que está seco, muerto, sin esperanza aparente — y es justo ahí donde planta su gloria más visible.

Y mira el lenguaje que usa Isaías: "se alegrará", "se gozará". Le atribuye emoción a la propia tierra. Como si el suelo estéril no pudiera contener la alegría cuando llega la vida de Dios. No es una restauración tibia, discreta, que pasa desapercibida. Es una explosión de alegría tan grande que hasta el paisaje parece bailar.

Y luego viene la imagen que más me marca: "florecerá como la rosa." No es una promesa vaga de "las cosas van a mejorar." Es concreta. Es colorida. Son flores brotando donde antes solo había polvo y piedra. Dios no promete una restauración genérica — promete algo específico, visible, exuberante.

Ahora, es importante que sepas dónde está ubicado este capítulo. Después de varios capítulos de juicio pesado, de oráculos duros contra las naciones, Isaías abre esta sección con esperanza. Dios no deja la última palabra en manos de la destrucción. La última palabra, siempre, es florecimiento.

Entonces necesito preguntarte, mi querido: ¿cuál es el desierto en tu vida ahora mismo? Quizás sea un sueño que se secó después de tantas decepciones. Quizás sea una relación que se volvió tierra árida, sin vida, sin conversación de verdad. Quizás sea una esperanza que enterraste porque parecía tonto seguir creyendo. Dios se especializa exactamente en esos lugares. Él no le tiene miedo a tu desierto. Es especialista en hacer florecer justo donde todo parecía muerto.

Entonces hoy, quiero invitarte a hacer algo sencillo: nombra, en oración, esa área específica de tu vida que parece un desierto seco. No te quedes en lo vago. Sé concreto — así como la promesa es concreta. Y pídele a Dios, con fe, que haga florecer esa área como la rosa. No es ingenuidad. Es la misma fe que sostuvo a todo un pueblo en medio de oráculos de juicio, esperando la primavera que solo Dios podía traer.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.