Día 230 · martes, 18 de agosto
"Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará."SALMOS 23:1-2
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 230, Mi Pastor.
"Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará." Salmos 23, versículos 1 y 2.
Deja que eso repose un instante.
David no escribió este salmo desde un escritorio. Lo escribió desde el campo. Con las manos que habían cargado ovejas heridas, con los ojos que habían visto el rebaño dispersarse en la tormenta. Cuando dice "Jehová es mi pastor" — no está recitando una doctrina. Está declarando algo que vivió en carne propia. Algo que marcó su vida para siempre.
Y fíjate bien: no dice "un pastor." Dice "mi pastor." Personal. Íntimo. Como si el Dios de toda la creación se hubiera inclinado sobre una sola oveja — la suya — y le hubiera dicho: yo te conozco por nombre.
Tú también puedes decirlo hoy. No como fórmula. Como declaración viva, nacida de la fe.
"Nada me faltará." Escucha esto con cuidado — no es promesa de riqueza, no es garantía de una vida sin tropiezos. Es algo mucho más hondo. Es la promesa de suficiencia. Quien tiene al Pastor tiene lo que verdaderamente importa. La necesidad más profunda que existe no es de dinero, no es de éxito, no es de que todo salga bien — es la necesidad del alma. Y esa necesidad encuentra su respuesta en Él.
Por eso Él nos lleva a lugares de delicados pastos. No porque la vida sea sencilla — la de David no lo fue, y tampoco lo es la tuya. Sino porque el Señor sabe lo que el alma necesita para ser restaurada. Y dejarse guiar, mi querido — eso no es debilidad. Es el acto de fe más grande que existe. Soltar el control. Confiar en el camino que Él ha trazado.
Y las aguas de reposo — esto me llega al corazón. Las ovejas no beben de aguas turbulentas. Se ahogan en ellas. El Pastor no lleva al rebaño a cualquier orilla. Él conoce su fragilidad — y las conduce a aguas tranquilas. No con impaciencia. Con ternura. No con juicio. Con cuidado. Él conoce tu fragilidad de la misma manera. No como falla que te condena — como realidad que Él sostiene. Y te lleva con gentileza.
Y hay algo más. Jesús — el mismo Jesús de la cruz, de la resurrección — se declaró el Buen Pastor. Dijo que da su vida por las ovejas. El Salmo 23 alcanza su plena dimensión a la luz de eso. El Pastor que guía es también el Pastor que rescató. No solo señala el camino — pagó el precio para que pudieras recorrerlo.
Hoy, mi querido, haz esto: antes del desayuno — antes de abrir el teléfono, antes de que el día te alcance — di en voz alta: "Jehová es mi pastor." Deja que las palabras salgan de tu boca con convicción. Y luego, entrégale una área de tu vida donde has intentado guiarte solo. Ya sabes cuál es. No tiene que ser grande. Tiene que ser real. Ponla en Sus manos — y deja que el Pastor pastoree.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana.