Día 228 · domingo, 16 de agosto
"Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás."JUAN 6:35
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 228, Él Sacia el Hambre.
Escucha estas palabras de Jesús. Déjalas caer hondo: "Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás." Juan 6:35.
Yo soy el pan de vida.
No "yo tengo pan." No "yo puedo darte pan." Jesús dice: Yo soy. La declaración es personal. Es absoluta. Y fue pronunciada a personas que acababan de comer — pan de verdad, multiplicado milagrosamente — y ya tenían hambre otra vez. Porque así funciona todo lo que el mundo ofrece. Satisface por un momento. Y después pide más.
Pero hay un hambre más profunda que esa.
Tú sabes de qué estoy hablando. No es el hambre del estómago. Es esa hambre que permanece incluso cuando todo parece estar bien. El hambre de sentido — de saber que tu vida tiene peso, que importa. El hambre de pertenencia — de ser plenamente conocido por alguien y aun así amado. Es un vacío que el éxito no llena, que el entretenimiento no apaga, que ningún logro resuelve del todo. Y Jesús mira directamente a ese vacío — tiene nombre, tiene dirección — y dice: Yo soy la respuesta.
¿Y cómo se llega hasta allí? Jesús lo dice: el que a mí viene. El que en mí cree.
Dos movimientos. Sencillos, pero reales. Venir es acercarse a Jesús con lo que tienes — con las dudas, con el cansancio, con las manos vacías. No hace falta llegar arreglado. Creer es soltar el peso. Es dejar lo que cargabas solo y ponerlo en sus manos. No es un ritual de domingo. Es una relación que empieza ahora, en este momento.
¿Y la promesa que viene con eso? "No tendrá sed jamás." Jamás. Esa es una palabra poderosa. Jesús no está prometiendo que nunca sentirás necesidades — la vida traerá necesidades. Está prometiendo que ninguna de esas necesidades quedará sin respuesta en Él. Cada vez que vuelves a Cristo, es una comida. Alimenta por dentro, allí donde nada más llega.
Y aquí está lo que me parece tan hermoso en esto: el pan no es una reserva de una sola vez. Es alimento diario. Así como el maná caía fresco en el desierto cada mañana, la saciedad que Jesús ofrece se renueva cada vez que vuelves a Él. No es una experiencia que tuviste una vez y de la que vives por el recuerdo. Es fresca hoy. Es fresca ahora. Y por eso el devocional de cada día no es solo una lectura — es una comida. Estás siendo alimentado.
Entonces hoy, antes del desayuno — antes de cualquier otra cosa — quiero invitarte a hacer una sola cosa. Habla con Jesús en voz alta. Puede ser sencillo, puede ser corto, pueden ser palabras imperfectas. Pero dile cuál es el hambre que cargas hoy. Esa cosa que te pesa. Ese vacío con nombre. Y pídele, específicamente, que sea tu pan en ese punto exacto. No en general. En ese punto. Él es el pan de vida — déjalo ser eso para ti hoy.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana.