Día 225 · jueves, 13 de agosto
"porque Jehová de los ejércitos los bendecirá diciendo: Bendito el pueblo mío Egipto, y el asirio obra de mis manos, e Israel mi heredad."ISAÍAS 19:25
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 225, Mi Pueblo, Mi Obra.
"Porque Jehová de los ejércitos los bendecirá diciendo: Bendito el pueblo mío Egipto, y el asirio obra de mis manos, e Israel mi heredad." Isaías 19:25.
Este versículo solo tiene sentido si sabes lo que vino antes. Isaías 19 comienza con un juicio pesado sobre Egipto — ídolos que tiemblan, el río que se seca, confusión esparcida por la tierra. Es un capítulo de juicio, de principio a fin. Y luego, en los últimos versículos, llega este giro que nadie esperaba: el mismo Egipto recibiendo, de boca del propio Señor, una bendición directa y personal.
Para entender el peso de esto, necesitas recordar quién era Egipto en la historia de Israel. Era el lugar de la esclavitud. El símbolo del opresor. El país de donde Dios sacó a su pueblo con mano fuerte y brazo extendido. Y ahora, siglos después, Dios mira a ese mismo Egipto y dice: "pueblo mío." La misma expresión, el mismo título, que usaba para Israel. Esto no es un detalle pequeño — es una bendición que rompe toda expectativa de frontera.
Y no se detiene ahí. Asiria también es nombrada — el imperio que, históricamente, destruyó el reino del norte de Israel, que llevó a su pueblo cautivo, que dejó cicatrices profundas en la memoria nacional. Y Dios la llama "obra de mis manos." Ese es lenguaje de creación, de cuidado personal — el mismo lenguaje que usaríamos para describir algo formado con cariño, no algo rechazado o abandonado.
Egipto, Asiria, Israel — tres naciones nombradas lado a lado, sin jerarquía de valor entre ellas. El texto imagina a antiguos enemigos, pueblos con historia de sangre derramada entre sí, unidos en una sola bendición compartida. Esto no es sentimentalismo barato. Es la revelación de un corazón de Dios mucho más grande que cualquier frontera que nosotros dibujamos.
¿Y qué pasa con Israel? Israel sigue teniendo su lugar único — "heredad mía", dice el texto. Eso no desaparece. Pero ahora está dentro de un círculo más amplio. Y quizás este sea el punto más importante: la elección de Israel nunca fue para excluir a los demás pueblos. Siempre fue para, a través de ella, alcanzar y bendecir a las naciones. El plan de Dios siempre tuvo espacio para Egipto y para Asiria — solo que todavía no había llegado la hora.
Quiero preguntarte: ¿hay algún grupo, algún tipo de persona, que inconscientemente colocas fuera de la gracia de Dios? Quizás sea alguien de un origen distinto al tuyo, de una historia diferente, de un pasado que juzgas demasiado lejano para ser alcanzado. Este versículo te invita a mirar de nuevo — porque Dios ya estaba llamando "pueblo mío" y "obra de mis manos" precisamente a quienes menos esperaríamos.
Así que hoy, quiero invitarte a pensar en esa persona o ese grupo — y orar, nombrándola delante de Dios como alguien a quien Él también llama suyo.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.