Día 222 · lunes, 10 de agosto
"Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz."ISAÍAS 9:6
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 222, Gobierno en el Hombro.
"Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz." Isaías 9:6.
Este versículo no aparece de la nada. Justo antes, Isaías describe a un pueblo que andaba en tinieblas — y vio una gran luz. Gente que vivía en sombra de muerte, y sobre ella resplandeció una luz. Es importante recordar esto: la promesa mesiánica no nace después de que termina la oscuridad. Nace justo en medio de ella. Y quizás sea exactamente ahí donde necesitas escucharla hoy.
Fíjate en los dos verbos del inicio: "un niño nos es nacido, hijo nos es dado." Nacido — como cualquier niño, frágil, dependiente, real, humano. Dado — un regalo, una dádiva que viene de afuera, de Dios para nosotros. Él entra en la historia como uno de nosotros y, al mismo tiempo, como aquello que solo Dios podía ofrecer.
Y luego viene esa frase que merece una pausa: "el principado sobre su hombro." No sobre un trono lejano, sin contacto con nada. Sobre su hombro. Es la imagen de alguien cargando personalmente el peso de gobernar — sosteniéndolo con su propio cuerpo, con su propia fuerza. El peso del mundo no queda tirado sobre ti; fue puesto sobre Él.
Luego vienen los nombres. Y cada uno es un regalo por separado.
Admirable Consejero — para los momentos en que no sabes el próximo paso, cuando toda sabiduría humana parece demasiado corta. Dios Fuerte — un bebé llamado Dios Fuerte. Un niño llamado Padre Eterno. Isaías está anunciando, setecientos años antes de que suceda, el misterio que solo el Nuevo Testamento explicaría de verdad: Dios hecho carne, entrando en la historia como recién nacido, sin dejar de ser quien siempre fue. Y por último, Príncipe de Paz — no una paz cualquiera, pasajera, sino la paz de quien gobierna con justicia y nunca abdicará el trono.
Quiero preguntarte: ¿cuál de estos nombres necesitas escuchar hoy? Quizás estés perdido en una decisión y necesites al Consejero. Quizás estés cansado, sintiendo que cargas demasiado peso solo, y necesites recordar que el gobierno está sobre su hombro, no sobre el tuyo. Quizás tu corazón esté en guerra, y necesites, más que nada, al Príncipe de Paz.
Estos nombres no son solo títulos bonitos de un himno navideño. Son promesas concretas, escritas siglos antes, cumplidas en Cristo, y disponibles para ti ahora.
Así que hoy, quiero invitarte a tomar un papel y escribir los cuatro nombres de este versículo. Y frente a cada uno, entrega a Dios un área específica de tu vida que necesita exactamente ese nombre ahora.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.