Día 218 · jueves, 6 de agosto
"Me llevó a la casa del banquete, Y su bandera sobre mí fue amor."CANTAR DE LOS CANTARES 2:4
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 218, Bajo Su Bandera.
"Me llevó a la casa del banquete, Y su bandera sobre mí fue amor." Cantar de los Cantares 2:4.
Este es uno de los versículos más hermosos de toda la Escritura, y quiero que nos detengamos en él con calma, sin prisa, porque lleva una imagen que habla directo al corazón.
Fíjate en el primer movimiento: "Me llevó." No "me arrastré hasta allí." No "conquisté la entrada." Me llevó. Hay una ternura en ese verbo — el amado conduciendo a la amada, con cuidado, a un lugar preparado. Y así es como Dios se mueve hacia ti también. Él no espera que fuerces la puerta de su presencia. Él mismo viene, Él mismo conduce, Él mismo lleva.
¿Y a dónde lleva? A la casa del banquete. No a un depósito, no a una sala de espera, no a un lugar de escasez — a una fiesta. Dios no te invita a una relación racionada, donde recibes solo lo mínimo necesario. Te invita a la abundancia. A una mesa llena. A la celebración.
Pero el corazón del versículo está en la última parte: "su bandera sobre mí fue amor." En la antigüedad, una bandera se izaba sobre ejércitos y ciudades para declarar públicamente a quién pertenecía ese lugar. Era una declaración visible, imposible de ignorar. Y aquí, lo que se declara sobre esta mujer no es conquista, no es posesión fría, no es control. Es amor. Visible. Público. Incuestionable.
Y quiero que entiendas: esa misma bandera está sobre ti. No una bandera de juicio esperando tu error. No una bandera de ira contando puntos en tu contra. Amor. Eso es lo que está izado sobre tu vida, si perteneces a Cristo. Él te protege, te cubre, te identifica — públicamente, delante de todo y de todos — como alguien amado.
Y nota también: ella no llegó a ese banquete por mérito. Fue llevada. Tú tampoco entraste a la presencia de Dios porque acumulaste suficientes puntos. Fuiste traído por su iniciativa, cubierto por un amor que llegó antes de cualquier cosa que hicieras — incluso antes de que supieras que lo necesitabas.
Entonces quiero preguntarte: ¿bajo qué bandera has estado viviendo esta semana? Hay quien vive bajo la bandera del rendimiento, siempre tratando de probar que merece estar en la fiesta. Hay quien vive bajo la bandera del miedo, esperando en cualquier momento ser expulsado del banquete. Pero la bandera de Dios sobre ti — si eres suyo — es amor. Solo eso. Amor declarado, visible, permanente.
Entonces hoy, antes de cualquier tarea, quiero invitarte a decir en voz alta: "La bandera de Dios sobre mí es amor." Y elige una decisión de tu día — puede ser pequeña — para tomarla desde esa identidad, y no desde el miedo de no ser suficiente.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.