Día 214 · domingo, 2 de agosto

Todo Es Vanidad

"Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad."ECLESIASTÉS 1:2

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Transcripción

Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 214, Todo Es Vanidad.

"Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad." Eclesiastés 1:2.

Esta es la apertura de uno de los libros más extraños y más honestos de la Biblia. No es un versículo de consuelo inmediato. No es una promesa alentadora. Es un golpe directo al estómago desde la primera línea — y precisamente por eso merece nuestra atención.

En el hebreo original, la palabra que traducimos como "vanidad" es hevel. Y hevel, literalmente, significa vapor. Aliento. Aquello que ves por un instante y, cuando intentas sostenerlo en la mano, ya no está más ahí. No es una condena moral — el Predicador no está diciendo que todo sea malo o pecaminoso. Está diciendo que todo es frágil, pasajero, imposible de sostener con firmeza.

Y quien escribe esto no es alguien amargado que nunca tuvo nada. Es alguien — probablemente Salomón, o alguien escribiendo con su sabiduría y experiencia — que ya tuvo riqueza incalculable, sabiduría reconocida internacionalmente, placeres de todo tipo, grandes proyectos y construcciones. Y después de experimentar todo eso al extremo, su conclusión es esta: vapor. Todo vapor.

Fíjate también en la expresión que se repite a lo largo de todo el libro: "debajo del sol". Esa es la clave para entender Eclesiastés. El Predicador está describiendo la vida vivida con la mirada fija solo en lo que está debajo del sol — en lo visible, lo medible, lo que puede conquistarse, acumularse, consumirse en esta vida terrenal. Y es precisamente ese horizonte estrecho, esa vida vivida sin mirar hacia arriba, la que produce la sensación aplastante de vacío.

Quiero preguntarte, con cariño: ¿qué has estado persiguiendo, debajo del sol, esperando que llene algo que solo Dios puede llenar? Puede ser éxito profesional. Puede ser la aprobación de la gente. Puede ser placer, logros, posesiones, relaciones que tratas como si fueran la fuente última de significado. Nada de eso es malo en sí mismo — pero cuando ponemos esas cosas en el lugar que solo le pertenece a Dios, se convierten en vapor entre nuestras manos. Apretamos con fuerza, y se escapa.

Pero aquí está la buena noticia escondida en este primer versículo aparentemente desesperado: reconocer el vapor de todo lo que hay debajo del sol no es motivo para renunciar a la vida. Es motivo para levantar la mirada. Todo el libro de Eclesiastés es un viaje que termina apuntando por encima del sol — hacia Dios, quien es el único que da sentido permanente a lo que, de otro modo, sería solo humo pasajero.

Entonces hoy, quiero invitarte a hacer un examen honesto. Identifica una búsqueda de tu vida que, si eres sincero, ha sido solo vapor — algo que persigues esperando que llene un vacío que solo Dios llena. Y entrégasela a Él en oración. No porque sea necesariamente incorrecta, sino porque nunca podrá cargar el peso que solo Dios puede cargar.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.