Día 211 · jueves, 30 de julio
"En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia."EFESIOS 1:7
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 211, Redención Completa.
Quiero que escuches esto con calma. Deja que cada palabra aterrice. "En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia." Efesios 1:7.
En él tenemos. Pablo no eligió ese verbo por casualidad. No dijo "tendremos algún día." No dijo "quizá podamos tener, si nos esforzamos lo suficiente." Dijo tenemos. Ahora. Hoy. La redención no está esperando que llegues a un nivel espiritual más alto — ya es tuya, en Cristo, completa.
Y tiene un precio claro. No fue por tu esfuerzo. No fue por tu disciplina, tu religiosidad, los años que llevas intentando ser mejor persona. Fue por la sangre de Jesús. Él abrió la puerta — y esa puerta sigue abierta. No por la calidad de tu vida, sino por la calidad de su sacrificio.
Ahora entiende bien lo que Pablo quiso decir con "redención": no es solo librarse de las consecuencias. Es el perdón real de los pecados. Dios no hace la vista gorda ante lo que hiciste. No ignora la deuda. La borra — completamente, definitivamente — por los méritos de Cristo. Eso es distinto. Eso es mucho más grande que una segunda oportunidad. Es una cuenta saldada.
¿Y cuál es la medida de ese perdón? Las riquezas de su gracia. Piensa bien en eso. Pablo no dijo "según el tamaño de tu pecado." No dijo "según la profundidad de tu arrepentimiento." No dijo "según tu historial." Dijo: según las riquezas de la gracia de Dios. Y Dios es inmensa, inconmensurablemente rico en gracia. No hay pecado demasiado grande para ese tesoro. No hay pasado que esa gracia no alcance. No hay carga que ella no pueda quitar.
Esto debería liberarte. Porque mientras la medida del perdón sea la calidad de tu desempeño, nunca podrás descansar. Siempre te preguntarás: "¿Me arrepentí lo suficiente? ¿Merezco ser perdonado?" Pero cuando la medida es la riqueza de Dios — entonces puedes dejar de calcular. Entonces puedes descansar de verdad.
Hay algo que todavía cargas. Lo sé. Algo que pasó, algo que hiciste, algo que pesa en silencio cuando todo está quieto. Pediste perdón — pero no lo recibiste. Lo pediste con la boca, pero lo guardaste en el corazón. Y esa es la diferencia entre saber que Dios perdona y realmente descansar en ese perdón.
Entonces hoy, antes del desayuno, quiero invitarte a hacer una sola cosa. Dile a Dios en voz alta — solo tú y él — algo con lo que todavía cargas culpa. No tiene que ser largo. No tiene que sonar bien. Solo tiene que ser real. Y luego recibe el perdón de Efesios 1:7 como si fuera la primera vez que lo escuchas. Como si nunca lo hubieras sabido antes. Porque quizás nunca lo dejaste entrar de verdad. Escribe, junto a lo que dijiste, la palabra: perdonado. Una palabra. Déjala quedarse. Ese es tu nombre delante de Dios hoy.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana.