Día 208 · lunes, 27 de julio
"El odio despierta rencillas; Pero el amor cubrirá todas las faltas."PROVERBIOS 10:12
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 208, El Amor Cubre.
"El odio despierta rencillas; Pero el amor cubrirá todas las faltas." Proverbios 10:12.
Este es un proverbio corto, de una sola línea, pero que carga un peso enorme cuando nos detenemos a pensarlo de verdad. Salomón coloca dos fuerzas lado a lado, como si fueran dos semillas plantadas en el mismo suelo, pero que producen frutos completamente diferentes.
La primera: el odio despierta rencillas. Fíjate en el verbo — despierta, remueve, agita. Es la imagen de un corazón que sigue revolviendo el pasado, buscando motivos para mantener viva la pelea. Es ese tipo de resentimiento que no se enfría; se alimenta, se recuerda, se cuenta de nuevo a quien quiera escuchar. El odio no deja que la brasa se apague — le sopla.
El amor, en cambio, hace lo opuesto: cubre. Y aquí necesito detenerme y explicar bien esta palabra, porque es fácil confundirla con fingir que nada pasó. Cubrir no es eso. Cubrir no significa decir que la ofensa no existió, ni fingir que no dolió. Significa elegir no exponerla. Elegir no usar ese error como arma en la próxima discusión. Elegir no contarle a todo el mundo lo que esa persona hizo. Es una decisión activa de protección, no una negación pasiva de la realidad.
Y este principio no se queda solo en el Antiguo Testamento. Pedro, escribiendo siglos después a la iglesia cristiana, cita casi palabra por palabra este mismo proverbio al hablar de cómo debe funcionar el amor entre los hermanos. Eso demuestra que esta sabiduría antigua no ha envejecido — sigue siendo el estándar que Dios espera de quien sigue a Cristo.
Pero aquí está el punto que quiero que te lleves para el resto del día: es fácil estar de acuerdo con este versículo cuando todo está tranquilo. Es fácil decir "sí, el amor cubre, tiene sentido" en una mañana serena, tomando café. La prueba real llega la próxima vez que alguien te lastime — a propósito o sin querer — y tengas, frente a ti, dos caminos: esparcirlo, contárselo a otros, guardarlo como munición; o cubrirlo, dejarlo quieto, elegir no usarlo contra esa persona.
Quiero preguntarte, con cariño: ¿existe alguna ofensa reciente — puede ser pequeña, puede ser grande — que todavía comentas con otras personas? ¿Que todavía usas como prueba de que fulano es así, siempre lo fue, nunca cambia? Quizás sea hora de dejar de repetir esa historia.
Hoy, elige esto: una ofensa específica, y decide cubrirla de una vez. No hace falta fingir que no dolió. Solo hace falta dejar de esparcirla.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.