Día 206 · sábado, 25 de julio
"Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo bajo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro."ROMANOS 8:38-39
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 206, Nada Nos Separa.
Escucha estas palabras. Deja que aterricen:
"Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo bajo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro." Romanos 8, versículos 38 y 39.
Pablo no está escribiendo un poema. Está haciendo una declaración. Y empieza con una palabra que no deja espacio para la duda: estoy seguro. No "espero que así sea." No "quizás." Estoy seguro. Y esa seguridad no nació de una vida cómoda ni de circunstancias favorables — Pablo escribió esto después de cárceles, naufragios, golpes, traiciones. Lo que tiene no es optimismo de temporada. Es una fe templada en el fuego de haber vivido con Cristo y haber visto que Cristo no falla.
Y luego viene esa lista. La muerte. La vida. Ángeles. Potestades. Lo presente. Lo por venir. Lo alto. Lo bajo. ¿Parece exagerado? No lo es. Pablo está recorriendo el universo entero — cada categoría que existe, cada fuerza que puedas imaginar — y las está poniendo todas del mismo lado de la ecuación: el lado que pierde. No hay excepción escondida. No hay fisura en la promesa. No hay letra pequeña que diga "excepto tu situación."
Y fíjate dónde vive este amor: en Cristo Jesús, nuestro Señor. El amor de Dios no es una energía vaga flotando en el cosmos, una bondad difusa que tal vez te alcance si tienes suerte. Tiene una dirección. Tiene un rostro. Tiene una cruz. Y la cruz es la prueba definitiva — la más costosa, la más irrefutable — de que este amor no retrocede ante nada. Ni ante tu debilidad. Ni ante tu pasado. Ni ante tu muerte.
Ahora presta atención a esto, porque es exactamente para hoy: ese futuro incierto que te está asustando — esa cosa que todavía no ha ocurrido pero que te quita el sueño — Pablo ya la metió en la lista. "Ni lo por venir." Lo que aún no ha llegado no tiene poder para romper lo que Dios estableció. El futuro no es una amenaza más grande que la que la cruz ya venció.
Y hay algo más que me llega hondo en este texto. No somos simplemente retenidos por la mano de Dios como quien está a punto de caer por un barranco. Somos amados por Él. Hay una diferencia enorme entre ser sostenido por obligación y ser envuelto por un afecto que jamás se rinde. Dios no te está aguantando. Te está amando. Son cosas completamente distintas.
Entonces aquí está el llamado para este día — y quiero que lo hagas de verdad: antes del desayuno, piensa en una cosa que te ha estado pesando. Puede ser la salud, una relación, el trabajo, el futuro. Escoge esa cosa. Y dile en voz alta, ahora mismo: "Ni tú me separas del amor de Dios en Cristo Jesús." No lo susurres. Dilo. Deja que la promesa hable más fuerte que el miedo. Porque puede hacerlo. Y lo hará.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana.