Día 202 · martes, 21 de julio

Hecho con Cuidado

"Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; Estoy maravillado, Y mi alma lo sabe muy bien."SALMOS 139:14

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Transcripción

Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 202, Hecho con Cuidado.

"Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; Estoy maravillado, Y mi alma lo sabe muy bien." Salmo 139:14.

Antes de llegar a este versículo, David pasa un buen tiempo describiendo algo impresionante: que Dios lo examinó por completo, conoció cada pensamiento antes de que él pensara, formó cada parte de su cuerpo en el secreto del vientre de su madre. Y solo después de todo eso — después de sentir el peso de ser conocido tan profundamente — es que estalla en alabanza: "te alabaré, porque formidables, maravillosas son tus obras."

Fíjate que la alabanza de David tiene un motivo bien específico. No está diciendo simplemente "Dios es bueno" de forma genérica. Está mirándose a sí mismo — su propio cuerpo, su propia existencia — y viendo ahí la firma del Creador. La admiración por la obra se convierte en adoración hacia Aquel que hizo la obra.

Y mira estas dos palabras que escoge: formidable y maravilloso. Cargan peso y belleza al mismo tiempo. Formidable, porque hay algo casi sobrecogedor en la complejidad de cómo fuiste formado — cada célula, cada función, cada detalle de tu cuerpo funcionando en una orquesta que ningún ser humano podría diseñar. Y maravilloso, porque todo eso es, al mismo tiempo, hermoso. No eres un accidente cósmico. No eres una copia repetida de producción en masa. Eres obra cuidadosa, intencional, de un Dios que es a la vez ingeniero y artista.

La ciencia de hoy, cuando mapea el ADN, cuando describe la intrincada ingeniería del cuerpo humano, solo está confirmando en el laboratorio lo que David ya cantaba hace miles de años sin ningún microscopio. "Maravillosas son tus obras." Eso no es una opinión piadosa — es una observación precisa.

Y luego viene la frase que cierra el versículo: "mi alma lo sabe muy bien." No es una duda. No es un sentimiento pasajero que va y viene según el humor del día. Es certeza del alma. David lo sabía en los días buenos y en los días malos, porque la verdad no dependía de cómo se sentía — dependía de quién es Dios y de lo que Dios hizo.

Y necesito preguntarte: ¿alguna vez has dicho esto sobre ti mismo? No sobre otras personas — sobre ti. Porque es fácil admirar la creación de Dios en otra persona y dudar de ella en ti mismo. Es fácil mirarte al espejo y ver solo los defectos, las comparaciones, las críticas que has escuchado a lo largo de la vida. Pero el Salmo 139 no deja espacio para eso. Fuiste hecho de modo formidable y maravilloso — no a pesar de tus particularidades, sino incluyéndolas.

Entonces hoy, quiero desafiarte a hacer algo sencillo, pero que puede tocarte profundamente: mírate al espejo y di en voz alta — "fui hecho de modo formidable y maravilloso." Dilo despacio. Deja que esta verdad cale más hondo que cualquier voz que haya intentado convencerte de lo contrario.

Eres obra de Dios. Y la obra de Dios es maravillosa.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.