Día 201 · lunes, 20 de julio
"Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad."LAMENTACIONES 3:22-23
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 201, Nuevas Cada Mañana.
Escucha estas palabras. Deja que lleguen despacio:
"Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad." Lamentaciones 3, versículos 22 y 23.
Necesito que sepas de dónde salieron estas palabras. Porque no nacieron en un momento de paz, ni de un corazón tranquilo. Jeremías escribió Lamentaciones en medio de una ciudad destruida. Jerusalén había caído. El templo, en cenizas. El pueblo, en cautiverio. Y él estaba ahí — con el peso de todo eso sobre los hombros, con el corazón roto — y fue desde adentro de ese dolor que encontró esta verdad. No a pesar del sufrimiento. Dentro de él.
Y eso lo cambia todo.
Porque si estas palabras vinieran de alguien cómodo, alguien que nunca ha sufrido, quizás podrías decir: "Claro, es fácil hablar así." Pero Jeremías estaba en el fondo. Y aun así levantó la voz y declaró: nunca decayeron sus misericordias. No se agotaron ayer. No se van a agotar hoy. El amor de Dios no depende de tus circunstancias para seguir siendo real. No crece cuando estás bien y se achica cuando caes. Simplemente no cesa.
Y luego viene esta frase que necesita detenerte: Nuevas son cada mañana.
No una vez al año. No cuando las mereces. No después de una buena semana o de una oración perfecta. Cada mañana. Como el rocío que cubre el campo al amanecer — no lo pediste, no lo ganaste, simplemente está ahí cuando el día comienza — las misericordias de Dios llegan frescas en este día exacto. En esta mañana. En la que estás viviendo ahora mismo.
Y la prueba más grande de eso tiene nombre: Jesucristo. Él no solo prometió amor eterno — lo demostró. En la cruz, donde no había nada fácil, donde hubo entrega total y sin reservas. Y en la resurrección, donde confirmó que ese amor es más fuerte que cualquier cosa que intente sepultar tu esperanza. El mismo ayer, hoy y por los siglos. De eso habla el versículo cuando dice "grande es tu fidelidad." Esa fidelidad tiene rostro. Tiene cicatrices en las manos.
Y entonces te digo esto con toda claridad: no te despiertas hoy necesitando convencer a Dios de que te ame. No funciona así. La misericordia no es una recompensa que se gana con esfuerzo o con mérito. Es regalo. Es gracia. Abres los ojos esta mañana ante un Padre que ya decidió ser fiel contigo — antes de que dijeras una palabra, antes de que saliera el sol, antes de cualquier cosa.
Entonces haz esto. Antes del desayuno, antes del teléfono, antes del primer compromiso del día — abre la boca y di en voz alta una sola cosa. Solo una. Algo por lo que le agradeces a Dios hoy. Puede ser sencillo. Puede ser pequeño. Puede ser simplemente el hecho de estar vivo. Pero dilo. En voz alta. Deja que la gratitud sea la primera palabra de tu mañana. No porque tengas que demostrar algo — sino porque la misericordia ya llegó, y merece ser recibida con el corazón abierto.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.