Día 200 · domingo, 19 de julio
"¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es Habitar los hermanos juntos en armonía!"SALMOS 133:1
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 200, Unidad que Agrada.
"¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es Habitar los hermanos juntos en armonía!" Salmos 133:1.
Día doscientos, mi querido. Detengámonos un instante aquí, porque este número marca un camino recorrido — y no es casualidad que lleguemos justo a un versículo sobre personas caminando juntas.
Fíjate cómo empieza el salmo: "mirad" — observen, presten atención. Esto es una invitación a notar algo que, aparentemente, no es tan común como debería ser. Si la unidad fuera fácil, el salmista no necesitaría pedirnos que nos detuviéramos a admirarla. Pero es lo suficientemente rara como para merecer ese llamado: miren esto. Vean qué hermoso es cuando sucede.
Y mira las dos palabras que elige: bueno y delicioso. No son sinónimos repetidos por casualidad. Bueno habla de valor moral — es correcto, es justo, es como deberían ser las cosas. Delicioso habla de otra cosa: de la experiencia sentida, del sabor dulce que queda en la boca cuando lo experimentas de verdad. La unidad entre hermanos no solo es correcta — también es dulce de vivir. Trae alivio, trae descanso, trae alegría real.
Este salmo lo cantaban familias enteras subiendo juntas el camino hacia Jerusalén — padres, hijos, tíos, abuelos, todos mezclados, todos diferentes entre sí, caminando en la misma dirección. Y los versos siguientes, que vienen justo después de este primero, comparan esa unidad con dos imágenes hermosas: el aceite que desciende por la barba de Aarón, ungiendo al sacerdote, y el rocío del Hermón que refresca hasta los montes lejanos de Sion. Son imágenes de bendición que se derrama y que llega lejos — la unidad no beneficia solo a quien está en el centro; se desborda hacia afuera.
Pero presta atención: los hermanos, por naturaleza, son diferentes. Personalidades distintas, temperamentos distintos, historias distintas de vida. La unidad que celebra este salmo no es uniformidad — no es que todos piensen igual, actúen igual, sean iguales. Es gente diferente reunida en torno a algo más grande que sus diferencias. Eso es lo que hace tan preciosa esta unidad: no exige que dejes de ser quien eres para pertenecer.
Ahora, quiero hacerte una pregunta honesta hoy: ¿existe alguien en tu vida — un hermano de sangre, un hermano en la fe, un amigo cercano — con quien tienes una diferencia sin resolver? ¿Una distancia que se instaló, un silencio que ya dura demasiado tiempo, una herida que aún no ha sido atendida? La invitación de este salmo no es solo admirar la unidad desde lejos. Es construirla, activamente, con tus propias manos.
Entonces hoy, antes del desayuno, quiero que des un paso concreto. Contacta a esa persona. Envía un mensaje. Haz una llamada. No hace falta resolver todo en una sola conversación — pero da el primer paso hacia la unión. Porque lo que es bueno y agradable no sucede solo. Comienza con alguien dispuesto a extender la mano primero.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.