Día 195 · martes, 14 de julio

Preciosa Ante Él

"Estimada es a los ojos de Jehová La muerte de sus santos."SALMOS 116:15

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Transcripción

Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 195, Preciosa Ante Él.

"Estimada es a los ojos de Jehová La muerte de sus santos." Salmos 116:15.

Deja que esa palabra aterrice despacio, porque toca un lugar que solemos evitar.

El Salmo 116 lo escribe alguien que estuvo cerca de la muerte — las propias palabras del salmo dicen "los lazos de la muerte me rodearon." Y fue rescatado. Y es desde ese lugar — de quien miró de cerca el final y fue salvado — que nace esta reflexión que nos deja: estimada es a los ojos de Jehová la muerte de sus santos.

Fíjate en la palabra elegida: estimada. No trivial. No desechable. No un detalle cualquiera en el engranaje del mundo. Estimada — la misma palabra que usarías para algo de altísimo valor, algo guardado con cuidado, algo que no dejarías perder por descuido. Así es como Dios ve el momento en que uno de sus fieles parte de esta vida.

Y nota también: son sus santos. No extraños lejanos, no vidas anónimas sin relación con el trono. Son personas que le pertenecen — que caminaron con Él, que confiaron en Él, que fueron suyas hasta el final. Y el versículo nos dice algo profundamente consolador: la partida de quien es suyo nunca pasa desapercibida. Nunca ocurre fuera de su mirada.

Esto significa que la muerte de un fiel no es un accidente cósmico, un detalle perdido entre miles de millones de vidas. Es acompañada. Es vigilada con cuidado paternal. Dios no aparta la mirada en el momento en que uno de los suyos atraviesa esa frontera. Él está ahí — atento, presente, tratando ese momento con el peso que merece.

Y si hoy escuchas esto cargando la memoria de alguien que perdiste — un padre, una madre, un hermano en la fe, un amigo que caminó con Dios hasta el último suspiro — quiero que sepas: esa partida no fue ignorada. No fue tratada con indiferencia. Fue vista, fue sentida, fue guardada como algo precioso ante el trono. El dolor que cargas es real, pero no está solo — Dios también lo vio, y Dios también valoró esa vida hasta el final.

Esto cambia la forma en que vemos la muerte de quien camina con Cristo. No es el final de una historia que ya no importaba. Es la llegada de alguien precioso a la presencia de quien siempre lo valoró. Y hay un consuelo profundo en esto — no porque el dolor de la pérdida desaparezca, sino porque va acompañado de una certeza: nada de lo que le pasó a esa vida escapó del cuidado de Dios.

Entonces hoy, antes del desayuno, quiero invitarte a hacer algo específico. Recuerda a alguien fiel que ya partió — alguien que caminó con Dios y que llevas en la memoria. Y agradécele a Dios en voz alta por esa vida. No solo por la nostalgia — por la vida en sí, por lo que representó, reconociendo que fue, y sigue siendo, preciosa ante sus ojos.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.