Día 194 · lunes, 13 de julio

Sentado a la Diestra

"Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies."SALMOS 110:1

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Transcripción

Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 194, Sentado a la Diestra.

"Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies." Salmos 110:1.

Este versículo parece simple en la primera lectura, pero guarda un misterio que los propios discípulos de Jesús tardaron años en entender. Fíjate: David, el rey de Israel, el hombre más poderoso de su pueblo, habla de alguien a quien llama "mi Señor." Pero David era rey — ¿quién, entonces, sería mayor que él? El mismo Jesús usó este versículo delante de los fariseos para probar un punto: el Mesías no sería solo descendiente de David, un hijo en la línea real. Sería Señor de David. Mayor que el propio rey que lo profetizó.

¿Y qué le dice Dios Padre a ese Señor mayor? Siéntate a mi diestra. Esto no es un detalle decorativo. En el mundo antiguo, sentarse a la diestra del trono era el lugar de mayor honor, de mayor cercanía, de mayor autoridad que existía. No era un cargo que se ganaba con esfuerzo. Era una invitación — dada por el mismo Padre, al mismo Hijo, reconociendo quién Él siempre había sido.

Y entonces llega la palabra que lleva el peso de toda nuestra espera: hasta. "Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies." Esa palabrita revela que estamos en medio de un proceso. Cristo ya está sentado. Cristo ya reina. La victoria ya fue decretada. Pero la consumación plena, el momento en que cada enemigo — cada mal, cada dolor, cada última sombra del pecado — sea completamente sometido, todavía se está completando. Nosotros vivimos exactamente en ese "hasta." Entre la certeza de la victoria y la espera de su manifestación total.

Y mira la imagen que el salmo elige para describir esa victoria: enemigos como estrado para los pies. Un estrado no lucha. No resiste. Simplemente está debajo — completamente sometido, sin fuerza para reaccionar. Así es como el salmo describe lo que va a pasar con todo lo que se opone a Cristo. No es una batalla incierta, con resultado abierto. Es una victoria ya decretada por el Padre, que solo espera que se cumpla el tiempo.

Y aquí está lo que cambia para ti hoy: si tu Señor ya está sentado, ya entronizado, ya vencedor por decreto — entonces puedes enfrentar cualquier batalla de hoy sabiendo el final incluso antes de que termine el combate. La ansiedad que sientes ante una situación difícil no tiene que venir del lugar de "¿podré vencer?" Puede venir del lugar de "ya sé quién vence." Esto no elimina la lucha. Pero cambia por completo la postura con la que entras en ella.

Entonces hoy, antes del desayuno, quiero que hagas algo concreto: declara en voz alta el nombre de una lucha específica que estás enfrentando ahora — puede ser miedo, puede ser una situación financiera, puede ser una relación difícil, puede ser una tentación recurrente. Ponle nombre. Y luego di: "esta batalla ya tiene vencedor." Y vive todo tu día desde esa certeza — no desde la incertidumbre del combate, sino desde la certeza del trono.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.