Día 193 · domingo, 12 de julio

Una Paz que Guarda

"Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús."FILIPENSES 4:7

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Transcripción

Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 193, Una Paz que Guarda.

Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Filipenses 4, versículo 7.

Quiero que te detengas en esas palabras. No las pases rápido. Porque Pablo está describiendo algo que la mente humana, por más capaz que sea, no puede alcanzar del todo — y precisamente por eso es tan poderosa esta promesa.

Pablo no está hablando de la paz con Dios. Esa batalla ya fue ganada. En la cruz, la reconciliación quedó sellada — ya no tienes que pelear por un lugar delante de Dios. Lo que Pablo describe aquí es algo completamente distinto. Está hablando de la paz de Dios — el estado interior del corazón divino mismo. Lo que existe dentro de Dios: esa quietud profunda, esa certeza inamovible, esa calma que no depende de ninguna circunstancia. Y Pablo dice que ese estado — ese estado que le pertenece a Dios — puede ser derramado sobre ti.

Piénsalo. No una paz que tú fabricas con fuerza de voluntad. No una paz que aparece porque resolviste todos tus problemas. Una paz que viene de fuera de ti, de dentro de Dios, y llega hasta tu pecho.

Y sobrepasa todo entendimiento. Eso quiere decir que no necesita que tu mente apruebe las circunstancias para funcionar. Puedes estar en medio de una situación que, por cualquier cálculo humano, no debería producir ninguna paz — y aun así esa paz puede estar ahí. No porque estés negando la realidad. Sino porque estás habitando en una realidad más grande.

Ahora fíjate en la palabra que escoge Pablo: guardar. En el griego original, esa palabra es militar. Es la palabra de un soldado apostado a la entrada de una ciudad — un centinela. La paz de Dios no es pasiva, mi querido. No es solo un sentimiento agradable que aparece de vez en cuando. Patrulla. Está de pie frente al corazón y frente a la mente — los dos frentes de nuestra batalla interior: las emociones que se disparan y los pensamientos que dan vueltas y vueltas sin detenerse.

Y Dios conoce los dos frentes. No cuida solo del corazón y deja la mente a la deriva. No cuida solo de la mente e ignora lo que sientes. Los cubre a los dos, completamente, al mismo tiempo.

Pero hay una dirección. La guarda ocurre en Cristo Jesús. No como una fórmula que repites de memoria. Como un lugar donde permaneces. Jesús es donde esta paz habita. Quedarse en él — en la oración, en la confianza, en la entrega — es la condición para que el centinela tome su puesto.

Entonces hoy, antes del desayuno, te invito a hacer una sola cosa. Toma ese pensamiento ansioso que ha estado rondando tu mente — tú sabes cuál es. Escríbelo en un papel. Luego ora en voz alta, entrégaselo a Cristo con palabras concretas, y deja ese papel a un lado. No como magia. Como señal. Como acto de fe de que el centinela ya tomó su puesto y tú no tienes que seguir haciendo guardia en su lugar.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.