Día 193 · domingo, 12 de julio
"Alabad a Jehová, porque él es bueno; Porque para siempre es su misericordia."SALMOS 107:1
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 193, Bondad Sin Fin.
"Alabad a Jehová, porque él es bueno; Porque para siempre es su misericordia." Salmos 107:1.
Fíjate cómo empieza el versículo: no es una sugerencia amable. Es un mandato. Alabad. El salmista no está preguntando si tienes ganas de agradecer hoy, si tu ánimo está bien, si las cosas van como querías. Ordena. Y esto puede parecer extraño a primera vista — como si dar gracias fuera obligación y no sentimiento. Pero ese es exactamente el punto: la gratitud bíblica no es una emoción que aparece cuando todo sale bien. Es una respuesta obligatoria a un hecho que no cambia.
¿Y cuál es ese hecho? Él es bueno. Solo eso. No "él es bueno cuando la vida es fácil." No "él es bueno si la oración se responde como yo pedí." Él es bueno — punto final, sin condición adjunta. Esa es su naturaleza, y no oscila con las circunstancias.
Ahora, si conoces todo el Salmo 107, sabes que este versículo no aparece una sola vez. Se repite — cuatro veces — a lo largo de todo el salmo. Y cada vez que aparece, viene justo después de una historia: gente perdida en el desierto sin agua, gente presa en cadenas en la oscuridad, gente al borde de la muerte en el mar en tormenta, gente enferma hasta casi el final. Historias reales de peligro real. Y después de cada rescate, el estribillo regresa: alabad a Jehová porque él es bueno. La gratitud aquí no nace de la teoría. Nace de la memoria — del recuerdo vivo de que Dios rescató.
Y entonces viene la segunda mitad del versículo, que sostiene la primera: para siempre es su misericordia. Ese amor no tiene fecha de vencimiento. No se agota con el paso del tiempo, no disminuye porque fallaste de nuevo esta semana, no se cansa de ti. Dura. Sin interrupción. Sin condición escondida en la letra pequeña.
Ahora piensa en tu propia vida. ¿Cuántas veces has sido rescatado de algo — de un miedo, de una decisión equivocada, de una situación que parecía sin salida — y luego olvidaste volver a dar gracias? Somos rápidos para clamar en el desierto y lentos para agradecer después de que llega el agua. Y ahí es donde este salmo viene a corregirnos: detente, recuerda, y da gracias.
Porque la gratitud hace algo poderoso con tus ojos. Cambia el enfoque. De la queja a la bondad. De la carencia a lo que ya fue dado. Puedes pasar todo el día notando lo que está mal, o puedes elegir — a propósito — notar lo que Dios ya ha hecho. Y esa elección reordena todo el corazón.
Entonces hoy, antes del desayuno, quiero invitarte a hacer esto: di en voz alta — no solo en el pensamiento, en voz alta — "Doy gracias a Jehová porque él es bueno." Y completa la frase. No la dejes genérica. Complétala con una prueba concreta de bondad que hayas visto esta semana — un pequeño rescate, una provisión, una palabra de consuelo, una puerta que se abrió. Ponle nombre. Porque la gratitud que nombra es la gratitud que cambia el día.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.