Día 192 · sábado, 11 de julio
"Y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado."ROMANOS 5:5
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 192, Esperanza que no falla.
Y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado. Romanos 5, versículo 5.
Deja que esa palabra se asiente. No avergüenza. No falla. No abandona.
Pablo no está hablando de un optimismo frágil que se sostiene solo cuando las cosas van bien. Él conocía el sufrimiento por dentro — cárceles, naufragios, rechazos. Y es precisamente desde ese lugar, desde dentro de la tribulación real, que levanta la voz y proclama: la esperanza que viene de Dios es un ancla firme. No cede cuando todo lo demás cede.
Y entonces aparece la palabra que lo cambia todo: derramado. Quédate con ella un momento. Pablo no dijo que Dios "ofreció" su amor, ni que lo "puso a disposición." Dijo derramado. Esa palabra es generosa, desbordante — no es un goteo, es una inundación. Es lluvia abundante cayendo sobre tierra seca y agrietada. El amor de Dios no llegó a tu corazón medido, calculado, racionado. Llegó como torrente. Como una misericordia que no puede contenerse.
¿Y quién trae ese amor hasta ti? El Espíritu Santo. Dios mismo nos lo dio — no como premio por el rendimiento espiritual, no como recompensa por tus mejores días. Fue dado. Regalo. Gracia pura. Eso significa que el amor de Dios en ti no depende de cómo amaneciste hoy. No depende de cuánto oraste ayer. El Espíritu de Cristo habita en ti, y él es la garantía viva del amor del Padre.
Pero quizás hoy me estás escuchando con esa pregunta en el fondo del corazón: "¿Me ama Dios de verdad? Después de todo lo que he hecho, después de todo lo que he vivido — ¿sigo siendo amado?" Necesito decirte algo: esa pregunta ya tiene respuesta. Fue respondida en el Calvario. Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores — no después de que mejoramos, no cuando nos volvimos dignos. Antes. Cuando todavía estábamos lejos. Eso es amor probado. Amor que ya no necesita ser cuestionado.
Y si hoy estás en medio de una tribulación — un dolor que no cede, una situación sin salida visible — quiero que sepas esto: la esperanza bíblica no finge que el dolor no existe. No te pide que actúes como si todo estuviera bien. Camina contigo a través del dolor, sostenida por ese amor que fue derramado dentro de ti por el Espíritu de Dios.
No tienes que fingir que estás bien. Tienes que recordar que no estás solo.
Y ahora, antes de empezar tu día — antes del desayuno, antes del teléfono, antes del ruido — te invito a hacer una sola cosa. Siéntate en silencio dos minutos. Pon la mano en el pecho. Y dile a Dios, en voz baja, con toda la sencillez: "Recibo tu amor ahora." No como actuación. Como fe. Deja que esa verdad aterrice de verdad en ti. Y después, envía un mensaje corto — una sola línea — a alguien que sabes que está pasando por un momento difícil. Alguien que necesita saber que hoy no está solo. Porque el amor que fue derramado en ti fue hecho para desbordarse.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.