Día 191 · viernes, 10 de julio
"Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás."JUAN 6:35
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 191, El Pan de Vida.
Escucha lo que Jesús dijo. No lo dijo en un templo, no lo dijo a una audiencia de expertos — lo dijo a una multitud común, hambrienta de verdad, de pie a orillas del mar. Abrió la boca y proclamó: "Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás." Juan 6:35.
Yo soy. No yo fui. No yo seré. Yo soy — presente, vivo, actuando ahora mismo. Eso es lo primero que Jesús quiere que entiendas hoy. El pan que sostuvo a aquella multitud ese día, ese mismo poder, esa misma presencia, está aquí ahora. No es un recuerdo. No es una promesa lejana. Es una realidad hoy, para ti, donde estás.
Pero hay algo más. Porque aquella multitud había visto el milagro — habían visto los panes multiplicarse con sus propios ojos — y aun así volvieron pidiendo otra señal. Y Jesús los mira con una compasión que duele de tan honesta, y les dice: están admirando desde lejos. Vieron, pero no vinieron. Y eso, mi querido, es el patrón más antiguo de la humanidad. Reconocemos que Dios existe, que es poderoso, que es bueno — pero no nos movemos. No caminamos hacia Él. Nos quedamos parados, con hambre, mirando el pan sin comerlo.
Porque venir a Jesús es un movimiento del corazón. No es solo de los ojos. No es solo de la mente que acepta los hechos. Es el alma que abre la mano y recibe. Y eso es exactamente lo que Jesús quiere decir cuando equipara venir a Él con creer en Él. Creer no es firmar un documento. Creer es comer. Es abrir la boca, recibir, dejar que entre. Porque el pan que está fuera del cuerpo no alimenta a nadie. Cristo solo nutre a quien lo recibe de verdad, personalmente, desde adentro.
Y mira la grandeza de la promesa. No se detiene en el hambre. Jesús dice: el que en mí cree, no tendrá sed jamás. Hambre y sed — cubre los dos lados. Lo que necesitas y lo que anhelas. La necesidad y el deseo. Porque el alma humana no busca solo sobrevivir — busca sentido, paz, pertenencia. Y hay un vacío allí adentro que ningún alimento de esta tierra cierra del todo. Cada satisfacción terrenal es pasajera. El hambre regresa. La sed regresa. Pero Él — solo Él — llena por completo, de forma profunda y continua, incluso en los días más áridos.
Entonces hoy, mi querido, el llamado es sencillo y tiene peso. Antes del desayuno — antes de abrir el teléfono, antes del primer café, antes de cualquier cosa — lee Juan 6:35 en voz alta. Deja que las palabras salgan de tu boca. Haz una pausa. Y luego habla con Jesús con tus propias palabras — sin guion, sin formalidad — y dile de qué tiene hambre tu alma hoy. Deja que Él sea el primer alimento del día. No el último. El primero.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.