Día 191 · viernes, 10 de julio

Somos Suyos

"Reconoced que Jehová es Dios; El nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos; Pueblo suyo somos, y ovejas de su prado."SALMOS 100:3

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Transcripción

Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 191, Somos Suyos.

"Reconoced que Jehová es Dios; Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos; Pueblo suyo somos, y ovejas de su prado." Salmos 100:3.

Fíjate cómo empieza el versículo. No empieza con un sentimiento. Empieza con un mandato: reconoced. Es decir, decidan saberlo, acepten esto como verdad, pónganlo en la mente antes incluso de sentir algo. Porque la adoración verdadera no nace de la emoción — nace del conocimiento. Y el conocimiento que pide este salmo es simple, pero lo cambia todo: Jehová, Él es Dios.

Parece obvio, ¿verdad? Pero, ¿cuántas veces vives tu día como si tú fueras el centro, como si tu propia fuerza sostuviera tu propia vida? El salmista corta esto de raíz. Él nos hizo. No fuimos nosotros quienes nos hicimos. No fue tu esfuerzo, tu inteligencia, tu suerte lo que creó tu existencia. Fue Él. Cada aliento que respiras ahora, mientras me escuchas, es un regalo. Eso cambia la postura del corazón — de quien exige a quien recibe con gratitud.

Y mira la segunda parte: pueblo suyo somos. No solo criaturas sueltas en el universo, sin dueño, sin dirección. Somos su pueblo. Eso es lenguaje de pertenencia, de pacto, de familia. No estás solo en el mundo tratando de arreglártelas. Perteneces a alguien que te hizo con intención y que te llama suyo.

Y luego viene la imagen que cierra el versículo — ovejas de su prado. Esa imagen no habla de una debilidad vergonzosa; habla de cuidado constante. Un pastor no crea a la oveja y luego se va. Guía cada día. Busca agua. Protege de la noche. Carga en brazos cuando se lastima. Dios no te hizo y te abandonó — te hizo para cuidarte, día tras día, sin parar.

Ahora piensa conmigo: ¿cuántas veces a lo largo de tu día olvidas esto? Te despiertas y el primer pensamiento es la lista de tareas, o la ansiedad de lo que viene, o la comparación con alguien que parece estar mejor. Y en ese olvido, algo se pierde — la paz que viene de saber a quién perteneces. Porque cuando olvidas quién eres, todo lo demás empieza a desmoronarse. Las pequeñas frustraciones del día pesan demasiado. Las opiniones de los demás tienen demasiado poder sobre ti. Pero cuando recuerdas primero — antes que nada — que eres pueblo suyo, oveja de su prado, todo el día se reordena.

Entonces aquí está el llamado de hoy: apenas te despiertes, antes de tomar el teléfono, antes de revisar cualquier mensaje, noticia o red social, di en voz alta — con tu propia voz, no solo en pensamiento — "Pertenezco a Dios." Deja que esa sea la primera frase de tu día, no lo último que recuerdas por la noche. Reconoce primero. Luego vive el día desde esa verdad.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.