Día 183 · jueves, 2 de julio
"Mi carne y mi corazón desfallecen; Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre."SALMOS 73:26
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 183, Mi Fuerza Eterna.
"Mi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre." Salmos 73:26.
Quiero que te fijes en dónde aparece este versículo dentro del salmo. No viene al principio, en un momento de confianza tranquila. Viene después de que el salmista confiesa algo difícil: casi pierde la fe mirando la prosperidad de los impíos. Dice, unas líneas antes, que casi resbalaron sus pies, que casi cayó. Este es un hombre en medio de la lucha — no después de ella.
Y es precisamente ahí, en medio de la confusión, donde dice esta verdad honesta: mi carne y mi corazón desfallecen. No es debilidad de fe admitir eso. Es la fe más madura que existe — la que mira hacia adentro, ve el cansancio real, y no finge que todo está bien.
Pero fíjate en lo que viene después. No es una negación de la debilidad. Es una declaración más grande que ella: mas la roca de mi corazón es Dios. Donde acaba tu fuerza, comienza la suya. Y esto no es solo auxilio — es sustitución. Dios no viene solo a ayudar al corazón cansado a seguir. Se convierte en la fuerza misma que sostiene ese corazón, cuando el corazón ya no puede sostenerse solo.
Y entonces el salmista llama a Dios su porción. No una bendición pasajera. Porción — para siempre. Todo lo demás envejece. El cuerpo se cansa. Las circunstancias cambian. Los impíos que parecían tener tanta ventaja — el mismo salmo lo muestra — van a desaparecer como un sueño al despertar. Pero Dios es la porción que no pasa. Quien tiene a Dios ya tiene lo suficiente, aun cuando el cuerpo y el corazón estén desfalleciendo justo ahora.
Y mira lo que viene justo después de este versículo, porque completa todo: "el acercarme a Dios es el bien." No es la explicación completa de la duda. No es la respuesta perfecta a por qué los impíos prosperan y los fieles sufren. Es cercanía. Es estar cerca. A veces la respuesta que Dios da a nuestras preguntas más difíciles no es un argumento — es Su presencia.
Entonces hoy, mi querido, quiero que hagas algo simple pero poderoso. Durante el día — y en algún momento vas a sentir el corazón desfallecer, de una forma u otra — detente. Solo un instante. Y di en voz alta: "Mi carne y mi corazón desfallecen, pero la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre." No lo digas como una frase memorizada. Dilo como alguien que, en ese exacto momento, se está apoyando en Él.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.