Día 180 · lunes, 29 de junio
"Dios, Dios mío eres tú; De madrugada te buscaré; Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, En tierra seca y árida donde no hay aguas,"SALMOS 63:1
Hola, mi querido… qué bueno estar contigo hoy. Es By God's Call — día 180, Buscar de Madrugada.
"Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, en tierra seca y árida donde no hay aguas." Salmos 63:1.
Mira cómo empieza David: "Dios mío eres tú." No "tú eres Dios", de forma distante y genérica. "Mi Dios." Su búsqueda comienza desde un lugar de relación personal, no de una teología abstracta. Ya sabe de quién está hablando — y es precisamente por eso que la búsqueda es tan intensa.
Y fíjate cuándo busca: de madrugada. Antes de que el sol salga por completo, antes de que el día traiga sus exigencias, sus distracciones, sus listas de tareas. El primer movimiento del día de David le pertenece a Dios. No es el último recurso, después de que todo lo demás falló. Es lo primero.
Este salmo fue escrito en el desierto de Judá, mientras David huía de su propio hijo, Absalón, que se había vuelto contra él para tomar el trono. Imagina ese dolor — no es solo peligro físico, es la traición más profunda que existe, viniendo de tu propia sangre. Y es en ese desierto, rodeado de arena seca y falta de agua literal, que David escribe sobre la sed del alma.
Fíjate cómo lo describe: "mi alma tiene sed de ti." Y no se detiene ahí — "mi carne te anhela." Esa palabra habla del cuerpo entero, de la carne. Esto no es un deseo puramente espiritual, abstracto, filosófico. Es un anhelo que toma el ser entero — alma y cuerpo juntos, en la misma sed, en la misma desesperación por algo que sacie.
Y hay algo profundamente honesto en esta imagen: es justamente en la tierra seca, árida, sin agua, que la sed se vuelve imposible de ignorar. Si David estuviera junto a un río, quizás no sentiría tanto la falta. Pero en el desierto — en la escasez, en el agotamiento, en la falta de todo alrededor — la necesidad de Dios se revela con una claridad que ninguna otra temporada de la vida ofrece.
Quizás estás en tu propio desierto ahora. Quizás tu "tierra seca" sea una traición, una pérdida, una temporada de agotamiento que no parece tener fin. Si ese es tu caso, quiero que escuches esto: esa sequedad a tu alrededor no es señal de que Dios se alejó. Es el escenario donde tu sed de él puede volverse más clara que nunca.
Entonces, mañana por la mañana — antes de revisar cualquier pantalla, antes de que cualquier tarea se apodere de tu día — quiero que hagas lo que hizo David. Di en voz alta: "tú eres mi Dios." Y pasa los primeros minutos de tu día solo buscándolo a él. Sin pedir nada todavía. Solo buscando. Deja que eso sea el primer movimiento, antes de cualquier otra cosa.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana.