Día 175 · miércoles, 24 de junio
"pues el Padre mismo os ama, porque vosotros me habéis amado, y habéis creído que yo salí de Dios."JUAN 16:27
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 175, El Padre Mismo.
"pues el Padre mismo os ama, porque vosotros me habéis amado, y habéis creído que yo salí de Dios." Juan 16:27.
Detente un momento con esas palabras.
El Padre mismo.
Jesús no habla de un Dios que administra el cuidado desde una oficina en el cielo. No dice que el Padre te soporta, que te tiene paciencia, que te observa desde lejos con los brazos cruzados. Dice algo mucho más cercano, mucho más directo, mucho más personal: el Padre mismo — Él en persona, con Sus propias manos — te ama.
Y hay personas que caminan toda la vida cargando una imagen de Dios que no se parece en nada a esto. Un Dios difícil de contentar. Un rostro ceñudo que siempre espera el próximo tropiezo. Un Padre que quizás cuida, pero al que hay que convencer de que se acerque.
Jesús deshace esa imagen aquí. De una sola vez, la voltea por completo.
No tienes que persuadir a Jesús de que ablande el corazón del Padre. No necesitas un intermediario para que el amor del Padre llegue hasta ti. Ese amor no viene por encargo, mi querido. Viene directo. De la fuente. Hasta ti. Sin rodeos, sin filtro, sin distancia.
¿Y por qué? ¿Por qué el Padre mismo te ama de esa manera?
Porque amaste al Hijo. Porque tu corazón se volvió hacia Jesús. Porque en medio de todo lo que la vida te ha puesto por delante, elegiste creer que Él salió de Dios — y ese gesto, esa fe, ese corazón apuntando en la dirección correcta — el cielo entero lo vio. El Padre lo vio. Y ese amor, que ya existía antes de que tú nacieras, se derramó sobre ti de una manera todavía más íntima, todavía más personal.
Piensa en esto: tu afecto por Jesús no pasa inadvertido allá arriba. No se pierde en el ruido del universo. El Padre te ve. Y el rostro que Él tiene puesto sobre ti — no es el de un juez con una lista en la mano. Es ternura. Es el rostro de un Padre que tiene la lámpara encendida, esperando que llegues.
Cerramos la semana así — no como quien apenas sobrevivió, sino como quien vuelve a casa. Y la casa está iluminada. Porque este amor no oscila según cómo te fue el día. No se apaga cuando tropiezas. No disminuye cuando estás débil. Permanece encendido. Siempre encendido.
Eso es lo que Jesús quiere que sepas hoy. No mañana — hoy. Ahora.
Y por eso, el llamado de hoy es sencillo, pero pide algo real de ti: en voz baja, en el lugar donde estás ahora mismo — puede ser en el carro, puede ser en el trabajo, puede ser en tu cuarto — habla con el Padre. Dile: "Te recibo como Padre. No como un Dios lejano. Como el Padre que de verdad me ama, en persona, sin distancia." Y dale gracias. Gracias por ese amor que no necesitó intermediario para llegar hasta ti.
Ese es el acto de hoy. Pequeño por fuera. Enorme por dentro.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.