Día 174 · martes, 23 de junio

Sed de Dios

"Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, Así clama por ti, oh Dios, el alma mía."SALMOS 42:1

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Transcripción

Hola, mi querido… qué bueno estar contigo hoy. Es By God's Call — día 174, Sed de Dios.

"Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía." Salmos 42:1.

Piensa en esa imagen por un instante. Un ciervo, en tierra seca, corriendo tras el agua — no porque tenga un poco de sed, sino porque su vida depende de eso. Jadea. Todo su cuerpo grita por lo que le falta. No es un deseo tranquilo. Es urgencia. Es desesperación de supervivencia.

Y el salmista elige exactamente esa imagen para describir lo que su alma siente por Dios. No eligió una imagen suave, tipo "mi alma quisiera un poco más de Dios." Eligió la imagen más intensa que conocía: el ciervo jadeando, desesperado, corriendo tras el agua que sostiene la vida.

Este salmo fue escrito en un tiempo de exilio. El salmista estaba lejos del templo, impedido de adorar como siempre lo había hecho, lejos de la presencia familiar que tan bien conocía. Y fue justo en esa ausencia — en ese desierto, en esa distancia — que la añoranza de Dios se volvió tan clara, tan aguda, tan imposible de ignorar.

¿Alguna vez has sentido eso? Quizás estás en una temporada de la vida donde Dios parece más lejano de lo que jamás estuvo. Quizás la rutina se tragó tu tiempo de oración, quizás la iglesia quedó lejos, quizás simplemente estás cansado y la presencia de Dios parece un eco de otros tiempos. Si es así, quiero decirte algo importante: no toda sed que sentimos es física. Existe una sed más profunda, una sed del alma, que ninguna otra cosa sacia salvo la presencia misma de Dios.

Mucha gente intenta matar esa sed con otras cosas. Trabajo, entretenimiento, relaciones, logros. Y nunca encuentra alivio de verdad — porque la sed no era de eso. La sed era de él. Y el primer paso, el más importante, es simplemente nombrarlo: "es Dios lo que me falta."

Y aquí hay algo que necesito que guardes: sentir esa falta, esa añoranza, esa sed — no es señal de debilidad espiritual. Es exactamente lo contrario. Es señal de que tu alma está viva. Un corazón muerto ni siquiera siente sed. Si hoy sientes falta de Dios, eso ya es prueba de que algo dentro de ti todavía busca, todavía anhela, todavía está vivo para él.

Entonces, hoy, quiero invitarte a hacer algo sencillo, pero que requiere intención: aparta un tiempo específico — pueden ser solo diez minutos — sin teléfono, sin distracción, solo para buscar la presencia de Dios. Y en ese tiempo, dile en voz alta: "tengo sed de ti." No lo escondas. No lo suavices. Deja que esa sed salga de tu boca. Porque es exactamente esa sed la que él promete saciar.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana.