Día 174 · martes, 23 de junio
"Y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso."2 CORINTIOS 6:18
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 174, Recibido en Casa.
Y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso. Segunda de Corintios, capítulo seis, versículo dieciocho.
Detente ahí. No lo pases de largo. Escucha quién está hablando — el Señor Todopoderoso — y lo que está diciendo: Yo seré tu Padre.
No "quizás". No "si te lo mereces". No "cuando te hayas arreglado". Seré. Es una declaración. Es una promesa que Dios mismo toma la iniciativa de hacer, antes de cualquier mérito tuyo, antes de cualquier cosa que hayas hecho o dejado de hacer. Esta relación no empieza con lo que tú haces. Empieza con lo que Él promete.
Y mira lo que esa promesa lleva dentro: no solo eres perdonado y dejado a distancia, como alguien que recibe una gracia y se va. No. Eres traído adentro. Hijo. Hija. La familia misma del Padre te hace lugar en la mesa. No como invitado. Como hijo.
Piénsalo así. Los siervos esperan órdenes. Los hijos pertenecen. El siervo llega con miedo de equivocarse. El hijo llega porque es su casa. Y Dios no te está llamando a una relación de servidumbre, de distancia, de "haz lo que te digo y tal vez te acepte". Te está llamando adentro. Tu identidad ya está firme en el corazón del Padre. Puedes acercarte sin miedo.
Ahora quiero decir esto con cuidado, porque hay personas escuchando que cargan una herida muy honda en este lugar. Quizás tu padre terrenal falló. Quizás nunca estuvo. Quizás lo que más necesitabas escuchar — "eres mi hijo, eres mi hija, aquí estoy" — nunca llegó. O llegó y fue arrebatado. Y el mundo tiene una manera de confirmar ese dolor, de decirte que no perteneces, que no eres suficiente.
Pero escucha esto: lo que el mundo te quitó, o lo que nunca te fue dado, el Padre lo restaura cuando te llama hijo. Tu historia no define quién eres. Su voz lo define. Y la voz que habla aquí es la del Señor Todopoderoso — no un padre frágil, no un padre incierto, no un padre que promete y desaparece. Su ternura viene respaldada por todo Su poder para cumplir cada palabra.
Esa es la identidad que llevas hoy. No lo que tu pasado dice de ti. No lo que tus fracasos dicen de ti. No lo que la gente ha dicho de ti. El Padre Todopoderoso dijo: eres mi hijo. Eres mi hija. Y eso — eso — nadie te lo quita.
Entonces esto es lo que quiero que hagas hoy, y te lo pido con seriedad: aparta cinco minutos. Solo cinco. Abre Segunda de Corintios seis, dieciocho. Léelo en voz alta — no solo con los ojos, con tu voz. Deja que tus oídos escuchen esa promesa salir de tu propia boca. Y luego háblale a Dios. Llámalo Padre. Agradécele por haberte recibido en Su familia. No tiene que ser largo. No tiene que ser perfecto. Solo tiene que ser verdadero.
Eres hijo. Eres hija. Recibido en casa.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana.