Día 173 · lunes, 22 de junio

Cuánto Más

"Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?"MATEO 7:11

Escucha - el llamado de hoy en portugués, inglés o español

Transcripción

Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 173, Cuánto Más.

"Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?" Mateo 7:11.

Deja que eso repose un momento.

Jesús no empieza con un argumento complicado. Empieza con algo que todos conocemos — quizás desde nuestra propia infancia, quizás desde el momento en que un hijo nos miró con necesidad. Padres imperfectos. Cansados. Con sus propias cargas. Y sin embargo — sin embargo — cuando el hijo pide, el padre encuentra la manera. El amor trabaja con lo que tiene. El amor no se rinde ante sus propios límites.

Tú ya has visto eso. Ya lo has vivido.

Y entonces Jesús hace el movimiento que lo cambia todo. Voltea la mirada hacia el cielo. Si esto — este amor imperfecto, este dar humano y quebrado — ya es suficientemente bueno para sostener a un hijo... ¿cuánto más el Padre que no conoce el cansancio, que no tiene reservas que se agotan, que no tiene un mal día que enturbie lo que entrega a sus hijos?

El "cuánto más" de Jesús no es solo una figura retórica. Es una medida. Es una declaración de quién es Dios.

¿Y qué da Él? Promete dar buenas cosas. No necesariamente todo lo que pedimos exactamente como lo pedimos — sino buenas cosas. Y aquí vive una de las gracias más profundas del evangelio: puedes confiar en que, cuando la respuesta llega distinta al pedido, no es que Él se equivocó. Es que filtró tu petición por tu mayor bien. Un Padre así no engaña al hijo que pide pan. Lo que sale de sus manos es siempre amor — a veces amor que entiendes en el momento, a veces amor que solo comprenderás después.

Pero hay una condición en este versículo. Sencilla, concreta, imposible de rodear. La promesa es para los que le pidan. Dios — que todo lo tiene, al que nada le falta, que sostiene el universo entero — escogió moverse en respuesta a hijos que se acercan y abren las manos ante Él. No porque necesite tu petición para saber lo que te hace falta. Él ya lo sabe. Sino porque la oración es el gesto del hijo que reconoce quién es el Padre.

Y quizás llevas semanas cargando una petición. Meses. Quizás dejaste de hablar de ella porque parece demasiado grande, demasiado tardada, demasiado improbable. Quizás la guardaste en el fondo, con algo de vergüenza de volver a pedir.

Abre las manos hoy.

Hoy, haz esto: lleva al Padre, en voz alta y sin rodeos, una petición concreta que venías guardando. No en susurro de duda — en voz de hijo que sabe con quién está hablando. Y confía de antemano en que responderá con lo que es bueno. No con lo que es fácil, no necesariamente con lo que imaginaste — sino con lo que es bueno. Porque ese es su corazón. Siempre ha sido su corazón.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana.