Día 171 · sábado, 20 de junio

El Padre Corre

"Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó."LUCAS 15:20

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Transcripción

Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 171, El Padre Corre.

"Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó." Lucas 15:20.

Quédate con eso un momento.

Aún estaba lejos. No se acercó primero. No pulió su discurso primero. No demostró que estaba arrepentido primero. Todavía estaba lejos — y ya había sido visto.

Eso nos dice algo sobre Dios que necesito que escuches con atención. Para que el padre de esa parábola pudiera ver a su hijo desde tan lejos, tenía que haber estado mirando ese camino todos los días. Cada mañana, los ojos puestos en el horizonte. Cada atardecer, el mismo camino, la misma mirada de quien espera. Dios no espera con los brazos cruzados. Él te está buscando en el horizonte ahora mismo.

Y cuando lo vio — el texto dice que el corazón del padre se llenó de compasión. No de ira. No de "te lo advertí." No de una lista de todo lo que el hijo había hecho mal. Compasión. Miró aquella figura cansada que venía por el camino y vio el cansancio — no la culpa. Vio al hijo que necesitaba volver a casa — no al hijo que merecía una lección.

Y entonces corrió.

En aquel tiempo, en aquella cultura, un hombre respetable no corría. Correr era abandonar la dignidad. Era exponerse. Era hacer un espectáculo de sí mismo delante de toda la aldea. Y el padre no lo pensó dos veces. Se levantó la ropa y corrió. Porque el amor siempre cruza la distancia más rápido de lo que la vergüenza puede detenerte. Antes de que el hijo llegara, el padre ya estaba allí.

Y antes del discurso ensayado — porque el hijo tenía un discurso, tú sabes que lo tenía, había ensayado cada palabra en el camino — antes de una sola sílaba de ese discurso, el padre lo abrazó. Lo besó. La gracia no te recibe por lo que mereces. La gracia te recibe por lo que Él ya decidió ser para ti, antes de que abrieras la boca.

Eso es lo que hay en esta escena. No es una historia sobre el hijo que regresó. Es una historia sobre el Padre que corrió.

Y si hoy estás escuchando esto y hay algo que te venía alejando de Dios — una decisión, un hábito, un resentimiento que dejaste crecer, un silencio que se fue haciendo demasiado largo — quiero decirte: Él ya está mirando el camino. Ya te vio. Y ya está corriendo.

Entonces esto es lo que te invito a hacer hoy, ahora mismo: habla con Dios. Nombra en voz alta aquello que te alejó. No tiene que ser perfecto. Solo tiene que ser verdadero. Dile: "Hoy vuelvo a casa." Y luego, todavía hoy, da un paso concreto de regreso — llama a quien necesitas llamar, suelta lo que necesitas soltar, entra a ese cuarto, cierra la puerta y ora. Un paso. Solo uno.

El Padre ya está corriendo hacia ti.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana.