Día 169 · jueves, 18 de junio
"Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?"SALMOS 27:1
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Hola, mi querido… qué bueno estar aquí contigo hoy. Es By God's Call — día 169, De Quién Temeré.
"Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?" Salmos 27, versículo 1.
Esta no es una pregunta hecha en el vacío. Si sigues leyendo este salmo, verás que David está rodeado. Habla de ejércitos acampados contra él, de enemigos que lo cercan para devorarlo. No es un momento tranquilo de su vida. Es un momento de amenaza real, concreta, visible. Y es justamente ahí, en medio de todo eso, donde hace esta pregunta con una confianza que solo tiene sentido por quién ya declaró que Dios es.
Fíjate en el orden de las cosas. Primero viene la declaración — Jehová es mi luz, Jehová es mi salvación. Solo después viene la pregunta — ¿de quién temeré? El valor no nace de la ausencia de peligro. Nace de dónde David decidió fijar la mirada antes de mirar hacia el peligro.
Y fíjate en la palabra luz. David no dice que Dios apaga la oscuridad a su alrededor. Los enemigos siguen ahí. La amenaza sigue siendo real. Pero la luz no necesita apagar la oscuridad para ser útil — solo necesita permitirte ver el camino en medio de ella. Dios no le promete a David un mundo sin peligro. Le promete a David visión suficiente para caminar a través de él.
Y hay algo sutil, pero poderoso, en la forma en que David habla: no dice que Dios da luz, da salvación. Dice que Dios es luz, es salvación. No es una ayuda que viene de afuera, temporal, que puede ser retirada. Es identidad. Es el sostén mismo de quién es David. Cuando el miedo toca la puerta, él no pregunta "¿qué va a hacer Dios por mí?". Pregunta "¿quién soy yo, a la luz de quién es Dios para mí?" Y de esa pregunta nace la respuesta: ¿de quién temeré?
Y repite la pregunta de dos formas — temor y atemorizarme — como quien toca la misma puerta dos veces hasta que el miedo entienda que ya no tiene espacio ahí. Jehová es la fortaleza de mi vida. No una fortaleza para un momento. Una fortaleza para toda la vida, de principio a fin.
Entonces, mi querido, déjame preguntarte con toda sinceridad: ¿cuál es tu miedo específico hoy? No el miedo genérico, vago, que cargamos sin nombrar. El miedo real, concreto, que tiene un nombre, una situación, quizás un rostro. Nómbralo ahora, aunque sea solo en tu mente.
Y después de nombrarlo, respóndele con la misma pregunta de David. No como retórica vacía, sino como confesión de fe: si Jehová es mi luz y mi salvación — ¿de quién temeré? Dilo en voz alta. Deja que la pregunta desarme el miedo que estaba creciendo en silencio.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.