
Día 168 · miércoles, 17 de junio
Todo Es Suyo
"De Jehová es la tierra y su plenitud; El mundo, y los que en él habitan."SALMOS 24:1
Transcripción
Hola, mi querido… qué bueno estar contigo hoy. Es By God's Call — día 168, Todo Es Suyo.
"De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan." Salmos 24, versículo 1.
Esta es una de las frases más directas de toda la Biblia, y quiero que la dejemos pesar de verdad, sin pasar demasiado rápido.
David no está haciendo una división. No dice que una parte de la tierra es de Dios y otra parte nuestra. Declara, sin término medio, sin reserva: la tierra es de Jehová. Toda ella. Y no solo el planeta en sí — es todo lo que existe en él. Cada recurso, cada cosecha, cada riqueza que alguien haya acumulado, cada posesión que sostenemos con tanto cuidado. Nada de eso escapa de esa propiedad original.
Y hay más. David incluye a las personas en esa misma frase: "y los que en él habitan." Tú. Yo. Todo ser humano que alguna vez respiró en este planeta. También pertenecemos a Él. Eso cambia la forma en que nos vemos a nosotros mismos, y cambia por completo la forma en que debemos tratar a quienes nos rodean — porque si cada persona pertenece a Dios, nadie puede ser tratado como propiedad, como herramienta, como menos que precioso.
Ahora, dejemos que esto baje a nuestra vida práctica por un momento. Si todo es de Jehová, ¿qué significa eso que llamas "mío"? Tu casa, tu cuenta bancaria, tu talento, tu tiempo — todo eso que trabajaste tanto para conseguir. David no está diciendo que esas cosas no sean reales o que no importen. Está diciendo algo más profundo: no eres dueño. Eres administrador. Lo que está en tus manos te fue confiado — no conquistado por ti, en el sentido final de la palabra.
Y eso, lejos de quitarte algo, en realidad libera. Porque todo lo que de verdad poseemos, también tenemos miedo de perderlo. Pero lo que reconocemos como confiado, como prestado, como perteneciente a Otro — eso podemos sostenerlo con las manos más abiertas. Menos ansiedad. Menos apego. Más libertad para dar, para compartir, para soltar cuando llegue el momento.
Y mira a dónde lleva esto el salmo. Justo después, David pregunta: ¿quién puede subir al monte de Jehová? ¿Quién puede estar en su presencia? Esa pregunta solo tiene sentido porque la primera verdad ya quedó establecida — que Él es el dueño de todo, el Señor soberano sobre toda la tierra. La adoración solo es razonable cuando reconocemos a quién pertenece todo.
Entonces, mi querido, hoy quiero invitarte a hacer algo práctico con esta verdad. Elige una cosa que sueles tratar como solo tuya — puede ser tu tiempo, puede ser dinero, puede ser un talento que guardas para ti mismo. Y ofrécele una parte a Dios hoy. No como un sacrificio amargo, sino como quien devuelve con alegría lo que ya era suyo desde el principio.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.
UNA AFIRMACIÓN ABSOLUTA
David no divide la posesión entre Dios y el hombre; declara, sin reserva, que la tierra entera pertenece al Señor.
TODO LO QUE HAY EN ELLA
No es solo el planeta en sí; es cada recurso, cada cosecha, cada bien que existe en ella. Nada escapa de esa propiedad original.
Y LOS QUE EN ÉL HABITAN
Las personas también están incluidas en esa posesión. Eso cambia cómo nos tratamos a nosotros mismos y a todo ser humano a nuestro alrededor.
SOMOS ADMINISTRADORES, NO DUEÑOS
Si todo es del Señor, lo que tenemos en las manos es confiado, no conquistado. Eso libera del miedo a perder lo que nunca fue realmente nuestro.
LA BASE DE LA ADORACIÓN
El salmo sigue preguntando quién puede subir al monte del Señor. La soberanía de Dios sobre todo es lo que hace razonable la adoración.
DEVUELVE ALGO HOY
Actúa: elige algo que tratas como solo tuyo — tiempo, dinero o talento — y ofrécele hoy una parte a Dios, como quien devuelve lo que ya era suyo.