Día 159 · lunes, 8 de junio

Dios trabaja en mí

"Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora."ECLESIASTÉS 3:1

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Transcripción

Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 159, Dios trabaja en mí.

"Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora." Eclesiastés 3:1.

Deja que esa palabra te alcance de verdad. Todo — no algunas cosas, no las cosas convenientes — todo tiene su tiempo. Esto no es filosofía. Es una declaración sobre quién es Dios. Él no está apresurado. Él no llega tarde. Tiene un tiempo señalado para cada propósito en tu vida, y ninguna circunstancia, ninguna demora, ningún error tuyo puede cancelar lo que Él ya determinó.

Pero yo entiendo lo que sientes. Porque oras, y el cielo parece quieto. Obedeces, y los resultados no aparecen. Avanzas con fe, y el camino sigue largo. Y entonces esa voz pequeña empieza a preguntar: "¿Será que Dios se olvidó de mí?"

Mi querido — Él no se olvidó. Él está obrando.

Piensa en Edison. No llegó al descubrimiento en el primer intento. Llegó después de cientos, de miles. Y cada intento que no funcionó no era un fracaso — era aprendizaje. Era parte del proceso. Y el proceso, escúchame bien, el proceso también es parte del propósito de Dios para ti. No es solo el destino lo que importa. Es la persona en la que te conviertes en el camino.

Porque hay cosas que solo crecen despacio. El árbol más firme no creció de la noche a la mañana. El carácter no se forma en un fin de semana. La fe que resiste la tormenta es la fe que fue forjada en el silencio, en la espera, en los días en que no viste nada y aun así elegiste confiar. Dios actúa de forma continua — aunque no lo veas, aunque no lo sientas. Está trabajando en tu corazón ahora mismo. Está formando la manera en que piensas, en que decides, en que amas. Está haciendo obra, amigo, incluso en el silencio.

Por eso la respuesta no es la prisa. No es tratar de forzar la cosecha antes de su tiempo. La respuesta es perseverancia — esa perseverancia tranquila, esa fe que no grita pero tampoco retrocede. La paciencia que dice: "No entiendo el calendario, pero confío en el Dios que lo controla." Eso no es pasividad. Esa es la postura más valiente que existe — confiar cuando no ves.

Y sabes qué te pide Dios hoy? No te pide que lo resuelvas todo. No te pide que entiendas su agenda. Te pide una semilla. Una semilla fiel, plantada hoy.

Entonces aquí está el llamado, claro y directo: hoy, siembra una semilla. Puede ser una oración honesta que has estado postergando. Puede ser un paso pequeño hacia lo que Él puso en tu corazón. Una llamada que tienes pendiente. Una decisión tomada con fe. Un perdón extendido. Siembra esa semilla — y deja la cosecha con Dios. Él sabe exactamente el día en que hará brotar lo que plantaste.

El tiempo es de Él. La obra es de Él. Pero la semilla — esa es tu parte. Siémbrala hoy.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana.