Día 156 · viernes, 5 de junio

Yo estoy contigo

"No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo."ISAÍAS 41:10

Escucha - el llamado de hoy en portugués, inglés o español

Transcripción

Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 156, Yo estoy contigo.

Isaías 41:10. Escucha esto con calma: "No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo."

No temas. No desmayes. Dios no abrió este versículo con una orden fría — lo abrió con un reconocimiento. Él sabe que el miedo llega. Sabe que hay mañanas en que el peso del día ya aplasta antes de levantarse. Sabe que hay una conversación que estás evitando, una decisión que no puedes cerrar, algo que se siente demasiado grande para ti. Y Dios no llega a decirte: "¿Por qué tienes miedo? ¿Qué clase de fe es esa?" No. Llega y dice: "Yo estoy contigo."

Eso lo cambia todo.

Porque el antídoto del miedo no es el valor que tú fabricas. No es convencerte de que estás bien cuando por dentro estás temblando. El antídoto es compañía. Es presencia. Cuando un niño le tiene miedo a la oscuridad, lo que lo calma no es una explicación — es el padre que entra al cuarto y dice: "Aquí estoy." Todo cambia. No porque la oscuridad desapareció — sino porque ya no está solo.

Y fíjate en lo que dice Dios: no "un Dios", no "el Dios del universo allá arriba" — dice "yo soy TU Dios." Eso es pacto. Eso es nombre conocido. Eso es cuidado de Padre. No una fuerza distante e indiferente — una persona que te conoce, que sabe tu nombre, que te eligió y que hoy está de tu lado.

Y todavía hay más. Porque en ese único versículo hay tres promesas apiladas una sobre otra: te esforzaré, te ayudaré, te sostendré. No te estás aferrando solo al borde. Hay una mano que no tiembla — una diestra firme — que está debajo de ti. No necesitas tener fuerzas suficientes. Necesitas confiar en quien las tiene.

Ahora bien, el valor no es ausencia de miedo. Eso hay que decirlo sin rodeos. La paz de Dios no es anestesia — es ancla. Puedes sentir el miedo y aun así dar el paso. Puedes temblar por fuera y estar firme por dentro. Porque no es tu mano la que está sosteniendo — es la de Él.

Entonces esto es lo que te pido hoy. Ponle nombre al miedo. Dilo en voz alta, escríbelo, dilo delante de Dios — "este es el miedo que me está paralizando hoy." Llámalo por su nombre. Y luego, con Dios a tu lado, da un paso. Solo uno. Haz esa llamada. Manda ese mensaje. Toma esa decisión que llevas días postergando. No tienes que resolverlo todo — tienes que dar un paso con fe, en manos de quien no suelta.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana.