Día 152 · lunes, 1 de junio

Mi Redentor Vive

"Yo sé que mi Redentor vive, Y al fin se levantará sobre el polvo;"JOB 19:25

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Transcripción

Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 152, Mi Redentor Vive.

"Yo sé que mi Redentor vive, Y al fin se levantará sobre el polvo." Job 19:25.

Esta es, quizás, la frase más amada de todo el libro de Job. Y si ya la has escuchado cantada, citada, grabada en placas — vale la pena detenerse a escuchar de dónde realmente sale.

En el capítulo 19, Job está en el fondo del pozo. Acaba de describir cómo los amigos lo abandonaron, cómo los parientes se alejaron, cómo hasta los sirvientes de su propia casa ya no lo reconocen. Dice: "mi aliento es repugnante para mi mujer." Ese es el hombre que declara: "yo sé que mi Redentor vive."

Fíjate en la primera palabra: sé. No "espero", no "tal vez sea verdad", no "quisiera creer". Sé. En medio de la incertidumbre más completa que un ser humano puede enfrentar — salud destruida, familia alejada, reputación en ruinas — hay una cosa que Job sostiene con certeza absoluta. Y esa certeza no viene de su situación. Viene de otro lugar.

Y mira la palabra que elige: Redentor. En la cultura de Job, el redentor era el pariente más cercano que tenía el deber de rescatarte — pagar tu deuda, comprar de vuelta tu tierra perdida, defender tu causa cuando nadie más podía. No es un concepto lejano. Es intensamente personal. "Mi" Redentor. Job, que perdió a todos los que debían estar a su lado, se aferra a la idea de que todavía tiene a Alguien que ocupa ese lugar por él.

Y fíjate en el tiempo del verbo: vive. No vivió en el pasado, no vivirá algún día. Vive — ahora, presente, activo, real. La esperanza de Job no es un recuerdo de días mejores ni una teoría filosófica sobre el sentido del sufrimiento. Es una persona viva, actuando, existiendo, aun cuando todo alrededor de Job parece muerto.

Y luego viene la parte que apunta hacia el futuro: "al fin se levantará sobre el polvo." Job está hablando de un día final — un momento en que ese Redentor se pondrá de pie, visible, sobre este mismo suelo donde Job sufre ahora. No es una esperanza etérea, flotando en algún cielo distante. Es una esperanza que va a pisar la tierra, en el mismo lugar donde ocurrió el dolor.

Ahora piensa conmigo: esta confesión no vino de alguien cómodo. No vino de un teólogo escribiendo en una oficina tranquila, rodeado de libros y café caliente. Vino de un hombre cubierto de llagas, sentado en cenizas, raspándose la piel con un pedazo de cerámica. Y es precisamente ese hombre quien logra decir "yo sé" con más firmeza de la que muchos de nosotros logramos decir en días tranquilos.

Eso me dice algo, mi querido: la fe más fuerte a veces no nace cuando todo está bien. Nace cuando todo se derrumba y lo único que queda es la certeza de que hay Alguien vivo, más allá de tu circunstancia, que se levantará por ti.

Entonces hoy quiero invitarte a hacer lo que hizo Job. No esperes tener ganas. No esperes a que el dolor pase primero. Di en voz alta, ahora, aunque la voz te tiemble: "yo sé que mi Redentor vive." Y luego elige a una persona — alguien que también está pasando por una etapa difícil — y recuérdale esa misma verdad. A veces la fe de Job se vuelve más fuerte cuando se declara en voz alta y se comparte con alguien que necesita escucharla.

Tu Redentor vive. Y un día, Él se levantará sobre esta misma tierra donde tú estás ahora.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.