Día 149 · viernes, 29 de mayo
"Y vino Jehová y se paró, y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu siervo oye."1 SAMUEL 3:10
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 149, Habla, Señor.
Y vino Jehová y se paró, y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu siervo oye. Primera Samuel, capítulo tres, versículo diez.
Detente un momento en esto. El Señor vino. Se presentó. Y llamó por nombre. No le gritó a una multitud, no lanzó un anuncio al aire. Dijo: Samuel. Samuel. Dos veces, como quien quiere asegurarse de que la persona amada realmente escucha.
Y eso te habla hoy directamente a ti. Dios conoce tu nombre. No el nombre genérico de "la humanidad," no el de "los creyentes en general." El tuyo. Con todo lo que cargas, con todo lo que has vivido, con las preguntas que todavía no tienen respuesta. Él te llama a ti.
Pero fíjate dónde estaba Samuel cuando llegó ese llamado. Dormía cerca del arca — cerca del lugar de la presencia de Dios. No era coincidencia. El que quiere oír a Dios se ubica donde Él habla. Y eso hoy se traduce en algo concreto: abrir la Palabra, crear un momento de oración, proteger ese espacio antes de que el mundo lo ocupe todo.
Lo que más me mueve en esta historia es lo que pasó antes del versículo diez. Samuel escuchó esa voz tres veces — y tres veces fue corriendo donde Elí, pensando que era el anciano sacerdote quien lo llamaba. Tres veces. Y eso no era una falla de Samuel. Era el comienzo de un aprendizaje. Reconocer la voz de Dios no se logra de golpe. Se aprende con el tiempo, con atención, con la humildad de admitir que todavía estamos en el proceso. Si alguna vez creíste escuchar a Dios y te equivocaste — no te rindas. Samuel también se equivocó. Lo que importa es que seguía cerca, seguía atento, seguía disponible.
Y cuando Elí entendió lo que estaba pasando, le dio a Samuel las palabras exactas: "Si te llama de nuevo, di — Habla, Señor, porque tu siervo oye." Y eso fue exactamente lo que hizo Samuel. No llegó con una lista. No llegó con su agenda. Llegó como siervo. Abierto. Disponible. Antes de escuchar una sola palabra ya había tomado la postura correcta.
Y ahí está el centro de todo esto: orar no es solo hablar. Es abrir espacio para que Dios responda. A veces llenamos la oración de palabras, de urgencias, de pedidos — y salimos sin haber escuchado nada. No porque Dios no habló. Sino porque no dejamos silencio suficiente para oírlo. El que escucha primero actúa con mucha más claridad. El que espera la respuesta antes de salir corriendo — ese camina con más firmeza y más paz.
Entonces este es tu llamado para hoy. Antes del desayuno — antes del teléfono, antes de los mensajes, antes del ruido del día — siéntate. Dos minutos. Solo dos. Cierra los ojos, respira, y di en voz baja o en tu corazón: "Habla, Señor, porque tu siervo oye." Y luego — quédate quieto. Y anota lo que llegue a tu corazón. Puede ser una palabra, puede ser una imagen, puede ser simplemente paz. Anótalo. Porque Dios está hablando. La pregunta es si estamos posicionados para escuchar.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.