Día 144 · domingo, 24 de mayo

Sin demora

"Me apresuré y no me retardé en guardar tus mandamientos."SALMOS 119:60

Escucha - el llamado de hoy en portugués, inglés o español

Transcripción

Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 144, Sin demora.

"Me apresuré y no me retardé en guardar tus mandamientos." Salmos 119:60.

Quédate un momento con esas palabras. El salmista no dijo "voy a intentar obedecer." No dijo "cuando pueda, lo hago." Dijo: me apresuré. No me retardé. Hay una decisión ahí — una decisión de no dejarle al tiempo que se coma la obediencia.

Porque eso es lo que hace el tiempo. La obediencia aplazada se va convirtiendo, poco a poco, en desobediencia. No de golpe — despacio. Tú sabes lo que Dios te está pidiendo. Lo sabes. Y entre saber y hacer hay una grieta — y es ahí donde nacen las excusas, crecen, y un día ocupan el lugar de la acción. "No es el momento." "Primero me preparo mejor." "La semana que viene." Y la semana que viene nunca llega igual.

El salmista conocía ese peligro. Y eligió cerrar la grieta rápido.

Pero escúchame — esto no es ansiedad. No es la prisa nerviosa del que tiene miedo de equivocarse. Es otra cosa. Es lo que yo llamo prisa santa. El salmista no se arrastra hacia Dios — corre. Y quien corre así, corre porque ama. Es amor con urgencia. Es el hijo que escuchó llamar a su padre y no hace como si no hubiera oído.

Y aquí hay un secreto que quiero que te lleves hoy: la prontitud es un músculo. Cuando obedeces rápido en las cosas pequeñas — esa disculpa sencilla, esa llamada que llevas tiempo postergando, esa ofrenda pequeña que Dios puso en tu corazón — estás entrenando el corazón para las cosas grandes. Todo atleta lo sabe: el músculo que no usas, lo pierdes. Y el corazón que aprende a demorar, aprende a no ir.

¿Por qué nos demoramos? En el fondo, nos demoramos cuando dudamos. Cuando una parte de nosotros no está segura de que Dios sea realmente bueno, de que sus mandamientos sean realmente para nuestro bien. Pero quien confía — de verdad, de corazón — obedece sin regatear. No necesita negociar las condiciones. No necesita ver el resultado antes de dar el paso. Confía, y camina.

Entonces hoy quiero hacerte una pregunta directa: ¿cuál es la obediencia que llevas aplazando? Tú sabes cuál es. Quizás es una disculpa que le debes a alguien. Quizás es una conversación difícil que Dios lleva semanas poniendo en tu corazón. Quizás es una ofrenda, un gesto de generosidad que prometiste y todavía no has cumplido.

Hoy, mi querido — antes del desayuno — hazlo. No mañana. Hoy. Cierra la grieta. No porque alguien te vaya a juzgar si no lo haces. Sino porque confías en que Dios es bueno, y cuando Él llama, la respuesta correcta es correr.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana.