Día 139 · martes, 19 de mayo

Medida rebosante

"Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir."LUCAS 6:38

Escucha - el llamado de hoy en portugués, inglés o español

Transcripción

Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 139, Medida rebosante.

Escucha lo que dice Jesús — y déjalo caer hondo:

"Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir." Lucas 6:38.

Fíjate bien en el orden. Jesús no empieza con la promesa. Empieza con el verbo. Dad. La mano tiene que abrirse primero. El desborde de Dios no llega antes — llega después. Espera al otro lado de tu mano abierta. Y eso importa, porque nuestra naturaleza quiere aferrarse, quiere asegurarse, quiere tener garantías antes de soltar. Pero la fe funciona al revés. Tú abres la mano primero — y entonces la promesa se mueve.

Y qué promesa. Jesús no está describiendo un intercambio ordinario. Toma la imagen del mercado, el grano que el vendedor mide para el comprador — y describe algo que va más allá de toda medida justa. Apretada — compactada hasta que no cabe más. Remecida — asentada, acomodada, haciendo espacio para aún más. Y luego, rebosando. Saliéndose por los bordes. Dios no devuelve en cucharadas rasas. No te regresa exactamente lo que diste. Su fidelidad es mayor que tu ofrenda más audaz. Generaciones de personas dadivosas cuentan la misma historia: el regazo vuelve a llenarse. Siempre.

Pero hay algo en este pasaje que lo cambia todo, y no quiero que te lo pierdas. Jesús no está hablando solo de dinero. Lee el contexto. Está hablando de misericordia. De perdón. De juicio retenido — de la decisión de no cobrar lo que tienes todo el derecho de cobrar. La medida que usas con los demás vuelve a ti. Si eres mezquino con el perdón, recibirás perdón mezquino. Si eres generoso con la gracia, la gracia te va a desbordar de vuelta. La generosidad define el tamaño de lo que tú mismo recibes.

Y eso nos encuentra justo donde vivimos, ¿verdad? Hay alguien que te debe algo — dinero, una disculpa, una explicación que nunca llegó. Hay alguien a quien has estado midiendo con una medida pequeña y dura. Jesús está mirando eso hoy y dice: abre esa mano. No porque vayas a perder. Sino porque nadie da más que Dios. No puedes ganarle en generosidad. Nadie lo ha logrado todavía.

Entonces hoy, el llamado es concreto. Antes del desayuno — antes de arrancar tu día — da algo con intención. Envía ayuda a alguien que la necesita, aunque sea poco. O perdona una deuda que llevas guardada en el corazón — no finjas que olvidaste, sino que de verdad la sueltas. Hazlo antes de comer. Abre la mano primero. Y espera ver lo que Dios hace.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.