Día 133 · miércoles, 13 de mayo
"Mejor es la comida de legumbres donde hay amor, que de buey engordado donde hay odio."PROVERBIOS 15:17
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 133, Donde hay amor.
"Mejor es la comida de legumbres donde hay amor, que de buey engordado donde hay odio." Proverbios 15:17.
Deja que eso caiga un momento.
Salomón — el hombre más rico de su generación, alguien que conocía los banquetes mejor que nadie — te mira directo a los ojos y dice: prefiere la mesa sencilla. Prefiere el plato humilde. Con tal de que haya amor ahí. Porque sin amor, el buey engordado no alimenta; solo engorda el silencio.
Piensa conmigo. La mesa es un lugar que revela. Quizás el más honesto de toda la casa. Puedes decorar la sala, comprar los muebles correctos, poner todo en su sitio — pero la mesa dice la verdad. ¿Qué corre por debajo de las palabras allí? ¿Hay prisa? ¿Hay pantalla? ¿Hay miradas que se esquivan? ¿O hay conversación real, ojos que se encuentran, presencia que dice "aquí estoy, contigo"?
Porque lo que las personas cargan de la infancia no es el menú de la cena de Navidad. Es la sensación. Es el ambiente. Es haberse sentido visto, o haberse sentido invisible. Es la carcajada que se soltó en esa mesa, o el silencio pesado que nadie se atrevía a romper.
Y aquí está el peligro que nos advierte Proverbios: podemos gastar la vida persiguiendo el buey engordado — más ingreso, más comodidad, más logros — y pagar con exactamente lo que la mesa debía guardar. El amor. La presencia. El tiempo con quienes amamos.
No es que la abundancia sea mala. Es que la abundancia sin paz no es banquete — es carga. Es peso. Y una comida sencilla, donde Cristo preside, donde hay miradas y preguntas verdaderas y gracia antes de comer — esa mesa, mi querido, es fiesta. El pan simple se vuelve fiesta cuando la paz está sentada contigo.
La paz es el condimento. Y ese condimento no se compra en el mercado. Viene de una decisión — la decisión de poner presencia antes que presentación. De valorar lo que pasa entre las personas más que lo que hay en el plato. De dejar entrar lo que de verdad nutre.
Entonces hoy — y quiero que lo hagas, no solo que lo pienses — haz del desayuno una mesa sin pantallas. Sin celular al lado del plato. Sin notificaciones. Sin ojos en la pantalla. Siéntate. Mira a cada persona que está ahí. Y haz una pregunta de verdad — no "¿dormiste bien?", sino una pregunta que abre: "¿Qué esperas de esta semana?" "¿Hay algo que te está pesando?" Una pregunta que diga: quiero verte.
Eso es el amor del que habla este versículo. No el sentimiento que aparece cuando todo es fácil — el amor que elige estar presente aunque el plato sea sencillo, aunque la vida esté agitada. Ese amor transforma la mesa. Ese amor transforma el hogar.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana.