Día 130 · domingo, 10 de mayo

Escondido Para Reinar

"Entonces sacaron al hijo del rey, y le pusieron la corona y el testimonio, y lo proclamaron rey; y Joiada y sus hijos lo ungieron, diciendo luego: ¡Viva el rey!"2 CRÓNICAS 23:11

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Transcripción

Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 130, Escondido Para Reinar.

"Entonces sacaron al hijo del rey, y le pusieron la corona y el testimonio, y lo proclamaron rey; y Joiada y sus hijos lo ungieron, diciendo luego: ¡Viva el rey!" 2 Crónicas 23:11.

Para que entiendas el peso de esta escena, necesito contarte lo que pasó antes. Cuando el rey Ocozías murió, su madre, Atalía, vio la oportunidad e hizo algo terrible: mandó matar a toda la descendencia real, a todos los herederos del trono de David, para poder gobernar ella sola. Fue una masacre. Y parecía que el linaje de David — ese linaje al que Dios había prometido un reino eterno — estaba a punto de ser completamente exterminado.

Pero había una mujer llamada Josabet. Era hermana del rey muerto, y logró, en medio del caos, rescatar a un bebé — Joás, el único heredero que sobrevivió — y esconderlo, junto con su nodriza, dentro del templo. Durante seis años. Seis años enteros, ese niño vivió escondido, mientras Atalía reinaba afuera, creyendo que había eliminado toda amenaza a su poder.

Imagina eso. Imagina una promesa de Dios, hecha cientos de años antes, reducida a un solo niño escondido dentro de un edificio, dependiendo del valor silencioso de una mujer que arriesgó su propia vida para esconderlo. Desde afuera, parecía que la promesa había muerto. Pero Dios estaba preservando, en silencio, exactamente lo que había prometido.

Y entonces, en el séptimo año, el sacerdote Joiada organizó todo con extremo cuidado, y en el día correcto, sacaron al niño — ahora de siete años — de su escondite. Y mira el orden de las cosas en este versículo: primero, le pusieron la corona. Después, le entregaron una copia de la alianza — la Palabra de Dios, el pacto, la ley. Antes de gobernar, tenía que llevar la Palabra. El poder venía después de la Palabra, nunca antes de ella.

Y luego vino la unción, y después el grito — un grito que había sido reprimido durante seis años enteros de silencio forzado: "¡Viva el rey!" No es difícil imaginar la explosión de emoción en ese momento. Años de espera, años de secreto, años de fe silenciosa — todo eso desembocando en una celebración imposible de contener.

Esta historia me recuerda una verdad que necesitamos guardar: a veces la promesa de Dios en nuestra vida parece completamente escondida. Parece haber sido derrotada, exterminada, perdida en medio del caos. Pero Dios preserva lo que ha prometido, aunque eso suceda en silencio, aunque parezca que el enemigo ya ganó. Y cuando llega el momento correcto — su momento, no el nuestro — la promesa escondida se convierte en corona visible.

Entonces hoy, antes del desayuno, quiero que hagas lo siguiente: nombra una promesa de Dios que parece escondida o postergada en tu vida ahora. Ese sueño que parece muerto. Esa restauración que aún no ha llegado. Y agradece a Dios en voz alta como si ya estuviera cumplida — porque, igual que Joás en el templo, puede estar solo escondida, esperando el momento correcto de ser coronada.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana.