Día 129 · sábado, 9 de mayo
"¡Oh Dios nuestro! ¿no los juzgarás tú? porque en nosotros no hay fuerza contra tan grande multitud que viene contra nosotros: no sabemos que hacer, y a ti volvemos nuestros ojos."2 CRÓNICAS 20:12
Los mensajes de voz oficiales se están preparando. Las grabaciones de prueba se han eliminado para que solo se publique el audio aprobado de la Escritura.
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 129, Ojos Puestos en Ti.
"¡Oh Dios nuestro! ¿no los juzgarás tú? porque en nosotros no hay fuerza contra tan grande multitud que viene contra nosotros: no sabemos que hacer, y a ti volvemos nuestros ojos." 2 Crónicas 20:12.
Esta es una de las oraciones más honestas de toda la Biblia. Y el contexto es aterrador: moabitas, amonitas y otros pueblos se unieron en una coalición gigantesca contra Judá. No era un solo ejército — eran varios, unidos, viniendo desde varias direcciones al mismo tiempo. Josafat recibió la noticia y el texto dice claramente: tuvo miedo.
Y lo que hizo con ese miedo es lo que quiero que guardes hoy. No fingió una valentía que no tenía. No armó una estrategia militar brillante en el momento. Reunió al pueblo, y delante de todos, oró en voz alta una oración con una honestidad que parte el corazón: "en nosotros no hay fuerza."
Fíjate en esto. Un rey, frente a su pueblo, admitiendo públicamente que no tenía los recursos para ganar esa guerra. Eso no es debilidad de fe — es el comienzo de ella. Porque la fe verdadera no empieza fingiendo que tenemos todo bajo control. Empieza reconociendo, sin disimulo, el tamaño real del problema.
Y luego viene la frase que considero aún más valiente: "no sabemos qué hacer." Piensa en cuántas veces evitamos decir eso. Preferimos fingir que tenemos un plan, aunque no lo tengamos. Preferimos parecer que tenemos el control, aunque estemos completamente perdidos. Josafat no hizo eso. Confesó, delante de todo el pueblo, su propia confusión.
Pero — y aquí está el punto más importante de toda esta oración — esa confesión de ignorancia no terminó en desesperación. Terminó volviendo los ojos hacia otro lugar: "y a ti volvemos nuestros ojos." Fíjate en la palabra "y." No sabemos qué hacer, Y. Ese giro es el punto de quiebre de toda la historia. Es el momento en que la impotencia humana encuentra el único lugar seguro que queda: los ojos fijos en Dios.
Y mirar a Dios es diferente de mirar al ejército enemigo, calculando las probabilidades. Es diferente de mirar el mapa, buscando una ruta de escape. Es diferente de mirar las propias fuerzas, sabiendo que no son suficientes. Mirar a Dios es una elección activa de dónde poner la atención cuando todo lo demás grita que mires en otra dirección.
Y Josafat oró esto antes de mover un solo soldado. La oración no reemplazó la estrategia — vino primero, y guio todo lo que sucedió después. Y lo que sucedió después fue uno de los milagros más sorprendentes del Antiguo Testamento: los enemigos se volvieron unos contra otros, y Judá ni siquiera tuvo que pelear.
Entonces hoy, quiero que hagas lo que hizo Josafat. Antes del desayuno, ora en voz alta esta frase exacta: "No sé qué hacer, pero mis ojos están en ti." Y nombra la situación específica que te está dejando sin piso. Di su nombre. Y luego, vuelve los ojos.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana.