Día 129 · sábado, 9 de mayo

Dedicados unos a otros

"Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros."ROMANOS 12:10

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Transcripción

Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 129, Dedicados unos a otros.

Pablo no escribe desde una teoría. Escribe desde el corazón de alguien que conoce lo que cuesta amar de verdad. Y usa el lenguaje más cercano que existe: el lenguaje del hogar. Amaos los unos a los otros con amor fraternal. No dice "tolérense." No dice "sean corteses." Dice: amor de hermanos. Y luego, algo que voltea todo lo que el mundo nos enseñó sobre cómo ganar: en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros. Romanos doce, versículo diez.

Quédate con eso un momento.

Pablo está diciendo que en la familia de Dios — y en la tuya — no hay extraños, no hay conocidos de relleno, no hay compañeros de circunstancia. Hay familia. Y la familia funciona con otra lógica. La lógica del amor que aparece. Que sigue apareciendo.

Porque dedicarse es eso: es presencia. Es estar en la mesa cuando la conversación se pone difícil. Es aparecer en el hospital sin saber qué decir, pero estar. Es mostrar la cara en la mudanza, en el duelo, en el día que no tiene nada especial — y por eso mismo te necesita. El amor devoto no se mide en emociones. Se mide en presencia constante.

Y entonces Pablo lanza el desafío más hermoso de toda la Escritura: la única carrera donde todos ganan. ¿Quién honra más? Esa es la única competencia a la que nos invita. No quién sube más, no quién brilla más — quién honra más. Y lo curioso es esto: en esa carrera, cuanto más das, más crece el otro. Nadie pierde cuando todos están intentando honrar.

Pero la honra guardada en el pensamiento no honra a nadie. Puedes admirar a alguien en silencio durante años — y esa persona nunca lo sabrá. La honra tiene que salir por la boca. Tiene que tener nombre, tiene que tener detalle. "Admiro cómo cuidas a los tuyos" — eso honra. "Fuiste clave para mí ese día" — eso honra. La honra vaga no aterriza en nadie.

Y necesito decir algo que quizás te toque de cerca: la verdadera prueba de la devoción no ocurre en la iglesia, no ocurre con los amigos que te conocen bien. Ocurre en casa. Con quien te ve sin máscara. Con quien conoce tu mal humor de las mañanas, tu impaciencia de las tardes. Ama primero — y mejor — a los de tu casa. Porque si el amor de familia empieza ahí, desborda hacia todo lo demás.

Y Pablo dice: prefiriéndoos. No "intenten recordar." Prefiriendo. Es una elección activa, deliberada, tomada antes de que el ego hable más fuerte.

Hoy, tú haces eso. Antes del desayuno — antes de abrir cualquier otra cosa en el teléfono — abres una conversación y envías un mensaje honrando a alguien de tu familia. No algo vago. Algo específico: agradécele por una cosa concreta que hizo. Su nombre. Su gesto. Di lo que eso significó para ti. No es difícil. Pero es poderoso. Y hoy, lo vas a hacer.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.