Día 127 · jueves, 7 de mayo
"Y clamó Asa a Jehová su Dios, y dijo: ¡OhJehová,para ti no hay diferencia alguna en dar ayuda al poderoso o al que no tiene fuerzas. Ayúdanos, oh Jehová Dios nuestro, porque en ti nos apoyamos, y en tu nombre venimos contra este ejército. Oh Jehová, tú eres nuestro Dios: no prevalezca contra ti el hombre."2 CRÓNICAS 14:11
Los mensajes de voz oficiales se están preparando. Las grabaciones de prueba se han eliminado para que solo se publique el audio aprobado de la Escritura.
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 127, Ninguno Como Tú.
"Y clamó Asa a Jehová su Dios, y dijo: ¡Oh Jehová, para ti no hay diferencia alguna en dar ayuda al poderoso o al que no tiene fuerzas. Ayúdanos, oh Jehová Dios nuestro, porque en ti nos apoyamos, y en tu nombre venimos contra este ejército. Oh Jehová, tú eres nuestro Dios: no prevalezca contra ti el hombre." 2 Crónicas 14:11.
Déjame ubicarte en la escena. Asa era rey de Judá, y frente a él estaba Zera el etíope, al mando de un ejército tan numeroso que el texto bíblico casi lo describe como incontable. Del otro lado, Asa tenía un ejército mucho, mucho más pequeño. Numéricamente, matemáticamente, era una causa perdida. No había estrategia militar capaz de cambiar ese resultado.
Y fue justo ahí, en medio de lo imposible, donde Asa abrió la boca y oró. No después de la victoria, en agradecimiento. Antes. En medio de la amenaza más real de su vida.
Fíjate en lo primero que dice: "Para ti no hay diferencia alguna en dar ayuda al poderoso o al que no tiene fuerzas." Está reconociendo, en voz alta, frente a todo su ejército, que para Dios no existe diferencia entre un ejército pequeño y uno gigantesco. Dios no ve el tamaño de la amenaza como nosotros lo vemos. Lo que a nosotros nos parece imposible es territorio normal para Él.
Luego viene la segunda frase: "Ayúdanos, porque en ti nos apoyamos." Eso no es una esperanza vaga, un "a ver si sale bien." Es una declaración pública de dependencia. Asa está diciendo, delante de todos: no confiamos en nuestra espada, no confiamos en nuestro número, no confiamos en nuestra estrategia. Confiamos en Ti.
Y hay una frase que quiero que guardes con cuidado: "en tu nombre venimos contra este ejército." Asa no fue a la batalla buscando gloria personal. Fue en el nombre de Dios. Y eso lo cambia todo — porque significa que la victoria, si llegaba, no sería suya. Sería de Dios. Cuando entras en una lucha en nombre de Dios, ya no estás luchando solo, y el resultado ya no depende solo de tus fuerzas.
Y la última frase de esta oración es la que más me impresiona: "no prevalezca contra ti el hombre." Fíjate lo que hace Asa aquí. Redirige toda la batalla. Ya no es "yo contra el enemigo." Es "el hombre contra Ti, Señor." Asa entendió algo profundo: cuando entregas la lucha a Dios, deja de ser tu batalla aislada y se convierte en la causa de Dios. Y la causa de Dios nunca pierde.
¿El resultado de esta oración? El texto cuenta que el Señor hirió a los etíopes, y huyeron. Una victoria imposible, alcanzada no por la fuerza de Asa, sino por la oración de Asa.
Entonces hoy, quiero que hagas esto. Antes del desayuno, piensa en tu ejército imposible — esa situación que parece demasiado grande, ese problema que parece incontable, esa amenaza que acelera tu corazón. Nómbrala en voz alta. Y luego, ora la oración de Asa, casi palabra por palabra: "Señor, no hay nadie como Tú para ayudar. En Ti pongo mi confianza. No dejes que el hombre prevalezca contra Ti."
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana.