Día 110 · lunes, 20 de abril
"No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos."GÁLATAS 6:9
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 110, Sigue sembrando.
"No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos." Gálatas 6:9.
Deja que esa palabra aterrice. No nos cansemos. Pablo no le estaba hablando a gente que ya había abandonado — le estaba hablando a gente que estaba a punto de hacerlo. Y esa diferencia importa. Porque tú que estás aquí ahora, todavía estás de pie. Todavía lo estás intentando. Y es exactamente para ti que esta palabra fue escrita.
Hay una ley en la creación que no cambia: lo que siembras, lo cosechas. No hay excepción. Ninguna semilla de bien se pierde — ni la que fue plantada en silencio, lejos de cualquier aplauso, lejos de cualquier reconocimiento humano. Dios la cuida de cerca. Él la vio. La registró. No la olvida.
Pero entre la siembra y la cosecha hay una estación. Y esa estación no se apura. El calendario es de Dios — y la promesa también. Puede que estés viviendo exactamente esa estación ahora mismo: ese tiempo en que ya sembraste, pero todavía no ves nada brotar. Y el silencio pesa. La espera cansa. Eso es real.
Y por eso existe este versículo. Pablo no lo escribió para quien está lleno de energía — lo escribió para quien tiene los hombros pesados. Dios no ignora tu cansancio. Lo conoce. Sabe cuántos días te levantaste sin ganas y fuiste de todas formas. Sabe cuántas veces fuiste amable cuando nadie miraba. Él sabe. Y te sostiene.
El trigo madura despacio, lejos de la vista. No puedes mirar un campo y ver el grano crecer — pero está creciendo. El hecho de que no veas resultados no significa que nada esté pasando. Significa que todavía estás en la estación de siembra. Y sembrar exige fe. Exige que sigas actuando según lo que crees, incluso cuando los ojos todavía no confirman nada.
Y el bien que Dios te pide rara vez es grandioso. Casi nunca. Es la comida que llevas a quien no puede salir. Es el mensaje que envías cuando te das cuenta de que alguien ha desaparecido. Es la puerta que sostienes, el tiempo que das, la palabra que eliges con cuidado. Esas cosas parecen pequeñas. Pero son semillas — y las semillas cambian el mundo cuando se plantan con persistencia.
Entonces hoy, antes del desayuno — antes de que te lances al día — detente un momento. Piensa en alguien que sabes que está cansado. Puede ser un amigo, un familiar, alguien con quien no has hablado en un tiempo. Y envíale un mensaje. Solo uno. Breve, sincero, real. No necesita ser elaborado — necesita ser verdadero. Una semilla pequeña, sembrada hoy, con intención. Eso es siembra. Eso es obediencia. Y Dios cuida el resto.
No desmayes. Su tiempo llega. La cosecha llega. Sigue.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana.