Día 105 · miércoles, 15 de abril

Donde hay libertad

"Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad."2 CORINTIOS 3:17

Escucha - el llamado de hoy en portugués, inglés o español

Transcripción

Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 105, Donde hay libertad.

"Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad." Segunda Carta a los Corintios, capítulo tres, versículo diecisiete.

Detente en eso un momento. No lo pases rápido. El Señor es el Espíritu. No un enviado. No una fuerza que opera desde lejos. El Señor mismo. Donde el Espíritu de Dios está — y está en ti, creyente — Dios está ahí entero. No a medias. No de visita. Entero.

Pablo escribe esto en un contexto muy preciso. Habla de un velo. Un velo sobre el corazón que impide que la Palabra se abra, que le quita claridad a la vida, que lo mantiene todo oscuro y pesado. Y dice: cuando el corazón se vuelve a Cristo, ese velo cae. La Escritura se abre. La vida empieza a tener luz. No porque de repente lo entiendes todo — sino porque el Espíritu es el Señor mismo, y Él ilumina desde adentro.

¿Y qué trae cuando llega? Libertad. No religiosidad tensa. No una lista de reglas que cargar con miedo a equivocarse. Libertad. Hijos libres en la casa del Padre. Porque el miedo de esclavo no encaja donde eres hijo. El Espíritu no vino a atarte — vino a soltarte.

Ahora, el versículo que sigue dice algo que no me deja en paz: que somos transformados de gloria en gloria al contemplar al Señor. Fíjate bien — la transformación no viene de esforzarte más, de vigilarte más, de exigirte más. Viene de mirarlo más a Él. Cuanto más contemplas el rostro de Cristo, más te vas pareciendo a Él. Entonces mira más a Él y menos al espejo. El espejo te agota. Él te transforma.

Y esa libertad — quiero que entiendas esto bien — no es libertad para vivir sin rumbo. No es permiso para perderte. Es exactamente lo contrario: es por fin tener la capacidad de amar de verdad, de servir sin resentimiento, de obedecer sin cadenas. Porque cuando el miedo se va, entra el amor. Y el amor hace lo que la obligación nunca logró.

Pero hoy, aquí está el llamado — concreto, real, ahora mismo: antes del desayuno, antes de agarrar el teléfono y entrar al día, vas a parar. Y le vas a hablar a Dios en voz alta. Un área. Solo una. Esa área donde te sientes atado — puede ser un hábito, una relación, una ansiedad, una vergüenza que llevas cargando hace años. Ponle nombre. Y luego di, en voz alta: "Espíritu del Señor, trae libertad aquí." No un murmullo avergonzado. Una declaración de hijo que sabe con quién habla. El Señor es el Espíritu. Y donde Él está — allí hay libertad.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana.