Día 98 · miércoles, 8 de abril
"Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis."JUAN 14:19
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 98, Porque Él vive.
"Todavía un poco, y el mundo no me verá más; pero vosotros me veréis; porque yo vivo, vosotros también viviréis." Juan 14:19.
Deja que esas palabras se asienten. Porque Jesús no las dijo desde un lugar cómodo. Las dijo esa noche — la última cena, horas antes de ser arrestado, horas antes de la cruz. Y aun así, habló del otro lado del sepulcro como quien ya lo estaba viendo. No como una esperanza débil. Como una certeza inamovible.
Piensa en el peso de eso. Tenía la muerte directamente enfrente — y lo que salió de su boca fue vida.
El mundo lo perdería de vista. La multitud que lo había aclamado se dispersaría. Los líderes religiosos se cruzarían de brazos, satisfechos. Para ellos, el caso estaba cerrado. Final. Y el mundo sigue igual hoy — mira la cruz y ve un final. Mira el sepulcro y ve un punto definitivo.
Pero Jesús dijo: vosotros me veréis.
La fe ve lo que el mundo no puede ver. Ve a un Cristo vivo — no un recuerdo, no un símbolo, no una figura histórica enmarcada en la pared. Una presencia. Real. Aquí. Ahora mismo.
Y entonces llega la parte que lo cambia todo: "porque yo vivo, vosotros también viviréis." No lo dijo como poesía hermosa. Lo dijo como una promesa con el peso de todo el cielo detrás. Tu futuro — el tuyo — no depende de tu fuerza. No depende de que lo tengas todo bajo control. No depende de que hayas resuelto todo. Depende del corazón de Jesús, que sigue latiendo. Que venció el sepulcro. Que jamás se detendrá.
Y eso cambia el lunes. Cambia ese diagnóstico que recibiste y todavía no sabes cómo procesar. Cambia esa deuda que venció y no sabes cómo pagar. Porque un Salvador muerto sería, en el mejor caso, una inspiración. Pero un Salvador vivo es una presencia que entra contigo a cada cuarto difícil de tu vida.
No es un recuerdo. Es compañía.
Y cuando esa vida — la vida de Él, la vida de la resurrección — empieza a habitar de verdad en ti, se nota. No necesitas anunciarlo. La gente a tu alrededor lo ve. Es esa paz que no tiene sentido frente a la presión. Es ese gozo que las circunstancias no pueden explicar. Es la marca de quien vive conectado a alguien que ya venció.
Pero antes de que salgas de tu habitación esta mañana — antes de abrir la aplicación, antes de ver los mensajes, antes de enfrentar lo que el día está pidiendo — quiero invitarte a hacer solo una cosa. Nombra en voz alta tu mayor miedo de hoy. Solo dile el nombre. Y luego di, con la voz que tienes, estas tres palabras: Él vive. No porque no tengas miedo. Sino porque el miedo no tiene la última palabra. Él la tiene.
Eso es fe que actúa. Eso es predicación que se convierte en práctica.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.