Día 98 · miércoles, 8 de abril

Corazón Sabio

"Da, pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo; porque ¿quién podrá gobernar este tu pueblo tan grande?"1 REYES 3:9

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Transcripción

Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 98, Corazón Sabio.

"Da, pues, a tu siervo corazón entendido para juzgar a tu pueblo, y para discernir entre lo bueno y lo malo; porque ¿quién podrá gobernar este tu pueblo tan grande?" 1 Reyes 3:9.

Imagina la escena. Salomón acaba de convertirse en rey. Es joven, es nuevo en el cargo, y una noche Dios se le aparece en sueños y le dice una frase que pocas personas han escuchado jamás: "Pide lo que quieras y te lo daré." Piénsalo. Un cheque en blanco del Creador del universo. Riqueza ilimitada. Poder sobre sus enemigos. Larga vida hasta la vejez. Cualquier cosa.

¿Y qué pide Salomón? No pide nada de eso. Pide un corazón que sepa discernir entre lo bueno y lo malo. Pide sabiduría para gobernar bien al pueblo que fue puesto bajo su cuidado.

Fíjate cómo se refiere a sí mismo: "tu siervo." No "el rey", no "yo, que ahora tengo autoridad sobre todos." Siervo. Antes de ser rey delante del pueblo, elige seguir siendo siervo delante de Dios. Y es justo ahí donde nace el verdadero liderazgo — no en la regla de la autoridad, sino en la postura de la humildad.

Y hay algo más que Salomón dice, que revela el corazón detrás del pedido: "¿Quién podrá gobernar este tu pueblo tan grande?" Siente el peso de la tarea antes de sentir el peso de la corona. No está pensando en cuánto poder tiene ahora. Está pensando en cuánta gente depende de él para gobernar con justicia. Eso es raro. Mucha gente que recibe poder piensa primero en sí misma. Salomón pensó primero en el pueblo.

Y Dios se agrada. La Biblia cuenta que Dios quedó satisfecho porque Salomón no pidió larga vida, ni riquezas, ni la muerte de sus enemigos — pidió discernimiento para hacer justicia. Y por eso Dios no solo concede lo que pidió, sino que añade lo que ni siquiera pidió.

Mi querido, esto nos enseña algo profundo sobre orar. Muchas veces oramos pidiendo lo que queremos. Pero ¿y si hoy nos detuviéramos un instante y preguntáramos: qué necesito realmente para servir bien a las personas que están a mi alrededor? Tal vez no sea más dinero. Tal vez no sea más reconocimiento. Tal vez sea solo un corazón capaz de discernir — de saber la diferencia entre lo que parece correcto y lo que realmente lo es.

Entonces aquí está el llamado para hoy: antes de pedirle a Dios lo que quieres, pregúntate qué necesitas realmente para servir bien hoy. Escríbelo en un papel, o dilo en voz alta: "Dios, dame un corazón que sepa discernir." Esa es la oración que agrada al Señor.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.