Día 97 · martes, 7 de abril

Esperanza viva

"Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos."1 PEDRO 1:3

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Transcripción

Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 97, Esperanza viva.

Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos. Primera carta de Pedro, capítulo uno, versículo tres.

Detente un instante con esa palabra. Pedro no abre con un consejo. No abre con una lista de requisitos. Abre con un grito de bendición — Bendito sea Dios — porque cuando ves de verdad lo que Dios ha hecho, lo primero que sale no es una pregunta ni una queja. Es adoración.

¿Y qué hizo Dios? Nos hizo renacer. No fuiste tú el que un día se propuso mejorar y lo logró a fuerza de voluntad. No fue tu disciplina, no fue tu esfuerzo espiritual lo que produjo esa vida nueva. Fue su iniciativa. Desde el primer aliento de esa vida nueva, fue la mano de Dios la que actuó. Esto no te achica — te libera. Porque lo que Dios empieza, Dios lo sostiene.

¿Y cuál fue la medida de ese acto? No fue tu mérito. La medida fue su grande misericordia. Grande — Pedro eligió esa palabra con cuidado. No una misericordia pequeña, condicionada, que revisa tu historial antes de moverse. Una misericordia grande, generosa, que actúa exactamente donde termina el merecer. La esperanza que Pedro describe no nace de que hayas hecho todo bien. Nace en el lugar donde reconoces que no puedes — y Dios actúa de todas formas.

Ahora escucha bien esta expresión: esperanza viva. Pedro no dijo esperanza bonita. No dijo esperanza reconfortante. Dijo viva. Porque hay una diferencia enorme entre el optimismo y la esperanza viva. El optimismo depende de las circunstancias. Cuando las cosas cambian, se marchita. Pero la esperanza que Pedro describe crece precisamente cuando las circunstancias aprietan, porque no se alimenta de ellas. Se alimenta de su fuente. Y la fuente está viva.

¿Y cuál es el fundamento de esa esperanza? Un hecho de la historia. La resurrección de Jesucristo de entre los muertos. No un sentimiento. No una filosofía. Un hecho — la tumba quedó vacía. Tus sentimientos van a oscilar, y está bien. Tus circunstancias van a cambiar, y está bien. Pero la tumba vacía no cambia. Y es en ella donde tu esperanza está anclada.

Pedro continúa — y esto necesita entrar hondo — habla de una herencia incorruptible, que no se mancha, que no se desvanece, reservada en los cielos para ti. Tu futuro no está en tus manos frágiles. Está en las manos de Dios. Más protegido de lo que tú jamás podrías protegerlo. Puedes respirar.

Entonces hoy, haz esto: toma un papel — o tu teléfono — y anota una situación que parece sin salida. Esa cosa que no sabes cómo se va a resolver, que pesa, que parece cerrada por todos lados. Escribe su nombre. Y encima, escribe estas dos palabras: esperanza viva. No como un truco, no como una fórmula mágica — sino como una declaración de fe. Y luego empieza tu día como Pedro empezó el suyo: bendiciendo a Dios. Porque Él actuó. Porque la tumba está vacía. Porque tu herencia está guardada.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana.