Día 88 · domingo, 29 de marzo

Hosanna en las alturas

"¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!"MATEO 21:9

Escucha - el llamado de hoy en portugués, inglés o español

Transcripción

Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 88, Hosanna en las alturas.

Escucha estas palabras y déjalas posarse:

"¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!" — Mateo 21:9.

Quiero que notes algo que a veces se pasa por alto. Esa palabra — Hosanna — no es simplemente un canto de victoria. En su raíz hebrea significa "salva ahora." Es alabanza y súplica al mismo tiempo, en una sola palabra. Es la voz de alguien que adora y que necesita, todo de una vez. Y eso me parece profundamente honesto. La multidón no llegó con una liturgia pulida. Llegó con su necesidad en la mano, levantando esa necesidad como si fuera ofrenda.

Y resulta que esa es una de las formas más reales de adorar.

Lo que la multidón no sabía — o no alcanzaba a ver del todo — es que estaban citando el Salmo 118. Palabras que conocían de memoria, que habían cantado desde niños. Pero ese día, el "Bendito que viene" no era una promesa futura. Estaba ahí. En carne y hueso. Montado sobre un burro joven, bajando por el Monte de los Olivos. La Escritura entera estaba encontrando su sí, y ellos casi lo dejan pasar porque esperaban algo distinto.

Y Él venía. Venía en el nombre del Señor. Pero no a conquistar con espada ni a sentarse en un palacio. Venía a atravesar esa ciudad y a ir derecho a la cruz. Esa entrada tan celebrada, tan llena de palmas y mantos en el camino, ya apuntaba a la muerte que pagaría por todos ellos. La gloria y el sacrificio no se contradicen — caminan juntos.

Ahora, hay algo que necesito decirte con cuidado.

Algunos de los que gritaban Hosanna ese domingo — días después, en esa misma ciudad — gritarían algo muy distinto. No porque fueran malas personas. Sino porque su alabanza nacía del ánimo del momento, no de la convicción del corazón. Cuando el ambiente cambió, la voz cambió con él.

¿Y tú? ¿De dónde nace tu alabanza? ¿Del estado de ánimo del día — o de lo que sabes que es verdad, aunque no lo veas? Porque hay semanas que llegan con peso. Hay portones difíciles por cruzar. Y precisamente en esos umbrales, la adoración no es un lujo para cuando todo está bien. Es el camino mismo. Jesús entró a la semana más difícil de la historia rodeado de alabanza. Si Él cruzó ese portón así, nosotros también podemos.

La alabanza que nace de convicción no espera que las circunstancias mejoren. Declara lo que es verdadero incluso cuando no es visible. Y esa declaración abre puertas.

Entonces hoy, antes del desayuno — antes de que el día te jale, antes del teléfono, antes de las noticias — di "Hosanna" en voz alta. Deja que esa palabra salga de tu boca con todo su peso. Y junto con ella, presenta a Jesús una situación concreta que necesita ser salvada hoy. No algo vago. Una cosa específica. Un nombre. Una situación real. Ponla en Sus manos. Eso es alabanza y súplica al mismo tiempo — exactamente lo que hacía la multidón en aquel camino lleno de palmas.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana.