Día 87 · sábado, 28 de marzo
"Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna."ZACARÍAS 9:9
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 87, He aquí tu Rey.
Escucha esta palabra. Déjala entrar despacio.
"Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna." Zacarías, capítulo 9, versículo 9.
Zacarías lo escribió quinientos años antes de que sucediera. Quinientos años. Y cuando llegó el momento — cuando Jesús entró a Jerusalén aquel Domingo de Ramos — fue exactamente así. El pollino, la multitud, la ciudad llena de voces. Cada detalle, cumplido. Eso no es casualidad. Es Dios diciéndonos: mi palabra no regresa vacía. Lo que prometí, lo cumplo. Puedes descansar en eso.
Pero fíjate qué clase de rey llegó ese día.
No llegó en un caballo de guerra. No llegó con ejércitos ni con estruendo. Llegó en un pollino — humilde, sin aparato, casi sin ceremonia. Y aun así era el Rey de reyes. Su poder no necesitaba espectáculo para ser real. Su mansedumbre no era debilidad disfrazada — era fuerza bajo control. Era autoridad que eligió la ternura. Eso es lo que el texto quiere que veas: justo y salvador, y al mismo tiempo humilde. Los dos lados, juntos, sin contradicción.
Y ese Rey — viene a ti.
Los reyes convocan. Los reyes se quedan en el trono y esperan que el pueblo llegue ordenado, presentable, listo. Pero este Rey se mueve. Se acerca. El versículo no dice "ve a él" — dice "vendrá a ti." No necesitas tenerlo todo resuelto. No necesitas estar en tu mejor momento. Él no está esperando que te arregles. Él está llegando — a tu encuentro, como estás, donde estás.
Y ante un Rey así — ¿qué manda hacer el texto?
La primera palabra del versículo es alegría. "Alégrate mucho." No es una sugerencia tímida. Es una orden — y es una buena orden. Ante un Rey que cumple su promesa, que llega humilde, que trae salvación, que viene a mí sin esperar que yo me prepare — la respuesta correcta no es formalidad. No es protocolo. Es fiesta en el corazón. Es esa alegría profunda que no depende de las circunstancias, porque está anclada en quién es Él.
Entonces hoy, antes del desayuno, haz una sola cosa.
Di en voz alta — no solo en tu mente, en voz alta: "Jesús, reina sobre mi día." Y luego nombra. Nombra el área que más necesita su gobierno hoy. Puede ser una relación que te está pesando. Puede ser una decisión que has estado postergando. Puede ser un temor que está ocupando un lugar que le pertenece a Él. Ponle nombre. Entrega el trono.
Ese gesto sencillo es un acto de fe. Es decirle: reconozco a mi Rey.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.