Día 83 · martes, 24 de marzo
"Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra."COLOSENSES 3:1-2
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 83, Las cosas de arriba.
"Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra." Colosenses 3, versículos 1 y 2.
Deja que eso aterrice.
Pablo no abre con un mandato. Abre con una verdad. Antes de decirte lo que debes hacer, te dice lo que ya eres. Has resucitado con Cristo. No es una meta que estás persiguiendo — es el suelo donde ya estás parado. Y desde ese suelo — firme, resuelto, real — es desde donde nace toda búsqueda genuina. No corres hacia lo de arriba para ganarte algo. Buscas porque ya perteneces a ese lugar.
Y entonces Pablo dice: buscad. En el original, ese verbo no es una acción de una sola vez. Es continuo. Es un reajuste diario — cada mañana, tomas la brújula del corazón y la apuntas de nuevo hacia arriba. No porque la hayas perdido para siempre, sino porque la vida aquí abajo jala. La notificación jala. La preocupación jala. La ansiedad por lo que va a pasar mañana jala. Y cada día tienes la oportunidad de reorientarte. De elegir, otra vez, dónde va a descansar tu corazón.
¿Pero hacia dónde apunta esa brújula, exactamente? Pablo responde: donde Cristo está sentado a la diestra de Dios. Fíjate bien en eso. Lo de arriba no es un cielo vacío. No es una idea abstracta, una filosofía, una sensación. Es un trono — y en ese trono hay una Persona. Tu Rey. Sentado. Reinando. No ansioso, no apresurado, no sorprendido por nada de lo que está pasando en tu vida hoy. Cuando levantas la mirada, no estás mirando el vacío — lo estás mirando a Él.
Y Pablo va más lejos. Dice: poned la mira en las cosas de arriba. La palabra allí habla de la atención. De dónde fijas los ojos. Y eso importa, porque la atención se puede entrenar. Aquello que más contemplas, poco a poco lo llegas a ser. Eso aplica para bien y para mal. La mente que vive sumergida en el caos va siendo moldeada por el caos. Pero la mente que aprende a subir — que practica mirar a Cristo — esa mente va siendo transformada a su semejanza.
Y no creas que esto es huida. No lo es. Es altura. Como el ave que sube alto no desaparece del mundo — sino que empieza a ver el mundo con más claridad. Cuando anclas el corazón en lo de arriba, vuelves a tu vida con más sabiduría, más paz, más presencia. Ves tus dificultades en su tamaño real — pequeñas delante de Aquel que está sentado, que reina, que ya venció.
Entonces aquí está el llamado de hoy. Antes de cualquier pantalla — antes del teléfono, antes de los mensajes, antes de las noticias — siéntate dos minutos. Solo dos. Y declara en voz alta: "Cristo está sentado a la diestra de Dios. Él reina. Y yo he resucitado con Él." Deja que eso salga de tu boca. Deja que tus oídos escuchen lo que tu boca proclama. Empieza el día sabiendo dónde está tu Rey — y quién eres tú en él.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana.