Día 81 · domingo, 22 de marzo

Perder para hallar

"Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará."MATEO 16:25

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Transcripción

Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 81, Perder para hallar.

"Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará." Mateo 16, versículo 25.

Quédate con esa palabra un momento. No la dejes pasar demasiado rápido. Porque Jesús está diciendo algo que va en contra de todo lo que aprendimos a hacer desde pequeños — aferrarnos, protegernos, asegurarnos. Está diciendo: la lógica del Reino es al revés. Las cuentas aquí no funcionan como las nuestras.

Quien guarda, gasta. Quien gasta por Cristo, salva. Es al revés. Siempre al revés.

Y yo sé que eso incomoda. Porque uno pasa la vida entera construyendo una versión de sí mismo que hay que proteger. Un plan que no puede fallar. Un futuro que tiene que estar en nuestras manos. Una persona a la que apretamos con tanta fuerza que los dedos duelen. Y cuanto más apretamos, más nos asfixiamos. Lo que te niegas a soltar… igual terminas perdiéndolo. Solo que lo pierdes sin haber ganado nada a cambio.

Pero fíjate en lo que dijo Jesús. Él no exalta la pérdida en sí misma. No te está pidiendo que abandones todo por abandonar. La clave está en tres palabras: "por causa de mí." El perder que halla es un perder dirigido a Él. Confiado a Él. No es rendirse — es entregar. Es poner en manos de quien puede hacer lo que tú nunca podrías hacer solo.

Piensa en una semilla. Cuando se entierra, no se desperdicia — se siembra. Lo que parece pérdida es el comienzo de una multiplicación que los ojos todavía no ven. Una vida suelta en las manos de Dios no desaparece. Brota.

Y la vida que encuentras al otro lado de esa entrega no es más pequeña. No es una versión reducida, resignada, de alguien que lo soltó todo. Es la vida para la que fuiste creado. La que estuvo esperándote mientras tú apretabas demasiado para poder hallarla.

No te estoy hablando de algo fácil. Te hablo del movimiento más difícil que existe — abrir la mano. Pero es el movimiento que Jesús llama hallar.

Entonces hoy, haz esto: toma un papel — ahora, antes del desayuno — y escribe lo que más aprietas. Puede ser un plan del que no puedes soltarte. Puede ser un miedo que cargas en silencio. Puede ser una persona a la que intentas controlar porque la amas demasiado. Escríbelo. Con nombre, con peso, con honestidad. Y luego ora. Ponlo en las manos de Dios en oración — no como quien tira algo, sino como quien siembra. Como quien confía. Como quien cree que Él sabe hacer más con lo que está en Su mano de lo que tú jamás harías aferrándote.

Abre una mano. Solo una. Hoy.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.