Día 80 · sábado, 21 de marzo
"Y vino Jehová y se paró, y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu siervo oye."1 SAMUEL 3:10
Los mensajes de voz oficiales se están preparando. Las grabaciones de prueba se han eliminado para que solo se publique el audio aprobado de la Escritura.
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 80, Habla, Yo Escucho.
1 Samuel 3:10: "Y vino Jehová y se paró, y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu siervo oye."
Antes de este versículo, la Biblia dice algo que duele leer: en esos días escaseaba la palabra de Jehová; no había visión con frecuencia. Era un tiempo de silencio espiritual. Un tiempo en que parecía que Dios había dejado de hablar. Y es exactamente en ese contexto — en medio del silencio — que Dios elige hablar de nuevo. Y elige hablar con un niño. No con un sacerdote experimentado, no con un anciano respetado. Con Samuel, un niño que dormía en el templo, sirviendo, sin ninguna idea de lo que estaba a punto de pasar.
La voz llama: "¡Samuel, Samuel!" Y el niño, claro, corre hacia Elí — porque es la única voz de adulto que conoce en ese lugar. "Aquí estoy, ¿me llamaste?" Elí dice que no lo llamó. Esto pasa de nuevo. Y de nuevo. Tres veces. Fíjate en esto: Samuel no reconoce la voz de Dios de inmediato. Y está bien. Reconocer la voz de Dios no es instantáneo — es algo que se aprende poco a poco, con repetición, con paciencia, muchas veces con la ayuda de alguien que ya recorrió ese camino antes.
Y aquí entra Elí. Un hombre cansado, con fallas conocidas, que ya había cometido errores serios como padre y como sacerdote. Pero aun así, a la tercera vez, entiende lo que está pasando y le enseña al niño: "Ve y acuéstate; y si te llamare, dirás: Habla, Jehová, porque tu siervo oye." Un hombre imperfecto, aun así, prepara el corazón de otro para escuchar a Dios. Eso debería darte esperanza — Dios usa a personas reales, con historial real, para señalarte en la dirección correcta.
Y entonces llega la respuesta de Samuel — simple, sin condición, sin negociación: "Habla, porque tu siervo oye." No dice "habla, si son buenas noticias." No negocia los términos antes de escuchar. Simplemente se abre. Esa es la postura que toda alma que quiere escuchar a Dios necesita aprender: apertura antes de garantías.
Esa noche parece pequeña — un niño, una cama, una voz en la oscuridad. Pero marca el comienzo de toda una vida. Samuel se convierte en uno de los más grandes profetas de Israel, el puente entre los jueces y los reyes, el hombre que ungirá a Saúl y luego a David. Todo comenzó con un simple "sí" en medio de la noche.
Entonces hoy, elige un momento de silencio — puede ser temprano en la mañana, puede ser en el carro, puede ser antes de dormir — y di en voz alta: "Habla, Señor, tu siervo oye." Y después espera. Quédate en silencio un minuto entero antes de salir corriendo a tu próximo compromiso. Dios todavía habla. La pregunta es si nos detenemos el tiempo suficiente para escuchar.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.