Día 75 · lunes, 16 de marzo
"Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas."ISAÍAS 40:29
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 75, Fuerza al cansado.
Isaías 40, versículo 29: "Él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas."
Quiero que esa palabra te alcance de verdad hoy. Porque este versículo no fue escrito para los que están bien. Fue escrito para los que llevan demasiado. Para los que se despertaron hoy ya pesados. Para los que han seguido adelante por pura inercia, sonriendo por fuera mientras por dentro algo se ha ido apagando.
Isaías no romantiza el agotamiento ni lo ignora. Lo nombra. Dios mismo lo nombra — el cansado, el que no tiene fuerzas. Y cuando Dios te ve así, no aparta la mirada. No te pide que primero te repongas para poder acercarte a Él. Se mueve hacia ti. Esa es su naturaleza. Esa es su gracia.
Escucha esto con atención: hasta los jóvenes se cansan. Hasta los que tienen toda la energía del mundo llegan a un punto en que las piernas no dan más. La fuerza humana tiene un techo. Absolutamente todos lo alcanzamos. Y es precisamente ahí — en ese punto de límite, en ese lugar donde ya no puedes más — donde la fuerza de Dios entra sin restricciones. Donde la tuya termina, la de Él no tiene fin.
Pero hay un secreto en este texto. Una llave que el mismo versículo nos entrega: los que esperan a Jehová renuevan sus fuerzas. La espera. El silencio deliberado delante de Dios. No es pasividad — es el acto de fe más valiente que puedes hacer en medio de un día que te exige todo. La renovación no ocurre en la prisa. Ocurre en la quietud. Ocurre cuando paras, abres las manos, y dejas que Dios sea Dios sobre tu agotamiento.
Y lo que recibes cuando esperas es poderoso. El texto habla de volar como águilas. De correr sin cansarse. De caminar sin desmayar. Fíjate en ese orden — hay días de vuelo, sí, días en que sientes que algo sobrenatural te impulsa. Pero la mayoría de los días son de simplemente no desmayar. De dar un paso más, de llegar al final del día sin hundirse. Y eso también es gracia. Eso también es Dios sosteniéndote. No menosprecies el día en que simplemente aguantaste — porque aguantar con Dios es completamente distinto a aguantar solo.
Y lo que más me conmueve de este texto es esto: Dios no regaña al cansado. No te mira con impaciencia ni te pregunta por qué estás así. Te mira, ve exactamente dónde estás, y multiplica tus fuerzas. Puedes llegar agotado, con el alma raspada, con esa sensación de que no te queda nada — y salir cargado en sus brazos.
Pero tienes que llegar. Tienes que hacer el intercambio.
Entonces hoy, esto es lo que te pido: antes del desayuno, antes del teléfono, antes de que el día empiece a pedirte cuentas — siéntate en silencio tres minutos. Solo tres. Y dile a Dios, con honestidad real, exactamente dónde estás cansado. No es debilidad confesarlo — es sabiduría. Es fe. Y luego recibe su fuerza para hoy. No para todo el año. Para hoy. Eso es suficiente.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana.