Día 69 · martes, 10 de marzo
"Habla a los hijos de Israel y diles: Señalaos las ciudades de refugio, de las cuales yo os hablé por medio de Moisés,"JOSUÉ 20:2
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Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 69, Ciudades de Refugio.
"Habla a los hijos de Israel y diles: Señalaos las ciudades de refugio, de las cuales yo os hablé por medio de Moisés." Josué 20:2.
Deja que esta orden se asiente un momento antes de continuar.
Esto no era una idea nueva. Dios ya había hablado de estas ciudades décadas antes, todavía en el desierto, a través de Moisés. Y ahora, después de toda la conquista, después de que el polvo de la batalla se asentara, Josué se detiene y ejecuta lo que ya estaba planeado desde hacía tanto tiempo. Eso ya dice algo del corazón de Dios: Él no construye una nación pensando solo en conquista y territorio. Piensa también en protección. En justicia. En gente que va a necesitar un lugar seguro donde correr.
¿Y qué lugar era ese? Las ciudades de refugio existían para una situación muy específica: alguien que quitara la vida de otra persona sin intención. Un accidente. Un hacha que resbaló de la mano. Una piedra que cayó en el lugar equivocado. En esas situaciones, la ley antigua permitía que un pariente de la víctima buscara venganza inmediata — y sin estas ciudades, el acusado, aunque fuera inocente de mala intención, podía morir antes de que la verdad fuera siquiera escuchada. Entonces Dios creó un espacio. Un lugar donde esa persona podía correr, protegerse, y esperar a que el caso fuera juzgado con justicia ante la comunidad.
Fíjate en la sabiduría de esto. Dios no quiso venganza apresurada, movida solo por el dolor y la rabia del momento. Pero tampoco quiso impunidad automática, como si cualquiera pudiera alegar accidente y salir ileso. Creó espacio y tiempo — tiempo para que la verdad se esclareciera, para que los hechos se examinaran, para que la justicia caminara con calma en lugar de decidirse en el calor de la emoción.
Y mira cómo se distribuyó esto: seis ciudades, repartidas a ambos lados del Jordán, para que ningún israelita quedara demasiado lejos de un lugar seguro. Dios no quería que la protección fuera privilegio de unos pocos, de quien viviera cerca. Quería que el refugio estuviera al alcance de todos, sin importar dónde estuvieran.
Ahora piensa en esto: en una ley antigua llena de sacrificios, de rituales, de exigencias severas, Dios reserva un capítulo entero — un sistema entero — solo para proteger a quien todavía no ha sido condenado. Antes de juzgar, Él protege. Antes de decidir la culpa, da refugio. Esto revela a un Dios que se preocupa por el proceso, no solo por el resultado. Un Dios que piensa en el acusado incluso antes de saber si es culpable.
Y esto tiene una aplicación muy directa para nuestra vida hoy. ¿Cuántas veces juzgamos a alguien demasiado rápido, antes de conocer toda la historia? ¿Cuántas veces nos convertimos en verdugos de una persona que tal vez actuó sin mala intención, pero a la que ya condenamos en el corazón? Dios nos llama a ser como aquellas ciudades: un lugar de refugio, no de ejecución sumaria. Un espacio donde la verdad pueda ser escuchada antes del juicio final.
Entonces hoy, piensa en alguien que está siendo juzgado por ti o por otros por algo que pasó antes de que se conociera toda la historia. Y ofrécele a esa persona el beneficio de la duda. Sé, hoy, una ciudad de refugio para alguien.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.