Día 66 · sábado, 7 de marzo

Padre, perdónalos

"Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen."LUCAS 23:34

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Transcripción

Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 66, Padre, perdónalos.

"Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen." Lucas 23:34.

Detente aquí un momento. Jesús está en la cruz. Clavos en las manos. Soldados sorteando su ropa. Líderes religiosos burlándose. Y lo primero que sale de su boca — lo primero — no es un grito de dolor, no es una maldición, no es un reclamo de justicia. Es una oración de perdón. En lo más alto del sufrimiento, el dolor no tuvo la última palabra. El amor la tuvo.

Y mira por quién está orando. Nadie allí pidió perdón. Nadie se arrepintió en ese momento. Los soldados simplemente cumplían órdenes. Los líderes creían estar sirviendo a Dios. Jesús vio eso — vio la ceguera detrás de la crueldad — y en lugar de dejar que la amargura creciera en su interior, abrió su corazón al Padre a favor de ellos. El perdón verdadero no espera a que el otro lo merezca. Si espera, no es perdón — es negociación.

Hay algo profundo aquí que no quiero que pases por alto. Jesús no habló de los soldados. No se quedó en la cruz desahogándose con sus discípulos, contando quién hizo qué. Habló con el Padre, a favor de ellos. Orar por alguien que te hirió cambia primero al que ora. No puedes sostener el rencor e interceder al mismo tiempo. Uno de los dos cederá — y cuando eliges la oración, es el odio el que cede.

Esto no es debilidad. Es el estándar más alto que existe. Esteban, el primer mártir de la iglesia, murió apedreado repitiendo esa misma oración — "Señor, no les tomes en cuenta este pecado." Y allí, sosteniendo los mantos de quienes arrojaban las piedras, había un joven llamado Saulo. Él escuchó. Ese perdón proclamado en el momento de la muerte sembró una semilla que ninguna piedra pudo destruir. El perdón predicado desde la cruz todavía transforma perseguidores.

Ahora dime — ¿hay un nombre dentro de ti hoy? ¿Alguien que te hirió profundo, que quizás nunca pidió perdón, que quizás ni sabe cuánto daño hizo? Jesús perdonó sin esperar el pedido. Esteban perdonó bajo una lluvia de piedras. Y tú y yo somos llamados al mismo camino — no porque sea fácil, sino porque es liberador. Cargar el rencor es cargar un peso que otra persona puso sobre ti. La oración suelta ese peso.

Entonces hoy, antes del desayuno, haz esto: ora por la persona que más te ha herido. Por su nombre. No una petición vaga y general — por su nombre. Pídele al Padre que la bendiga, que la alcance, que la trate con misericordia. No necesitas tener ganas de hacerlo. Solo necesitas obedecer. El sentimiento viene después. La libertad viene después. Empieza con la oración.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana.