Día 64 · jueves, 5 de marzo

Firmes en Medio del Río

"Mas los sacerdotes que llevaban el arca del pacto de Jehová, estuvieron en seco, firmes en medio del Jordán, hasta que todo el pueblo hubo acabado de pasar el Jordán; y todo Israel pasó en seco."JOSUÉ 3:17

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Transcripción

Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 64, Firmes en Medio del Río.

"Mas los sacerdotes que llevaban el arca del pacto de Jehová, estuvieron en seco, firmes en medio del Jordán, hasta que todo el pueblo hubo acabado de pasar el Jordán; y todo Israel pasó en seco." Josué 3:17.

Deja que esa escena se forme en tu mente. El Jordán, en esa época del año, estaba crecido — desbordado, fuerte, peligroso. No era un arroyo tranquilo para cruzar a pie. Y aun así, Dios no le pidió al pueblo que esperara a que bajara el agua. Le pidió a los sacerdotes que entraran primero — cargando el arca del pacto, la presencia de Dios, sobre sus propios hombros.

Fíjate en el orden de las cosas. Alguien tuvo que dar el primer paso dentro del agua antes de que ocurriera el milagro. La fe de los sacerdotes no llegó después de que el río se detuviera — llegó antes. Pisaron el agua crecida confiando en una palabra que todavía no se había cumplido ante sus propios ojos. Y fue solo cuando sus pies tocaron el agua que esta dejó de correr.

Pero lo que más me marca de este versículo no es el milagro del agua deteniéndose. Es lo que viene después: los sacerdotes se quedaron quietos. No cruzaron corriendo hacia el otro lado en cuanto funcionó. Se quedaron ahí, en medio del lecho del río, sosteniendo esa apertura, mientras todo el pueblo — hombres, mujeres, niños, ancianos, rebaños — cruzaba en tierra seca.

Y el texto insiste en decir: hasta que toda la nación cruzó. No hasta que pasó la mitad del pueblo. No hasta que los sacerdotes se cansaron. Hasta que el último israelita pisó el otro lado. Su resistencia no tenía un plazo corto — tenía la duración exacta de la necesidad del pueblo.

Eso me hace pensar en cuántas veces Dios llama a alguien a quedarse firme no por su propio beneficio, sino para que otros logren cruzar. Tal vez tú seas esa persona hoy. Tal vez tu firmeza — en el trabajo, en casa, en una amistad — no sea solo para ti. Tal vez esté sosteniendo un camino abierto para alguien que todavía está en medio de su propio cruce.

Y hay algo más hermoso aquí. Esa misma generación creció escuchando las historias de sus padres sobre el Mar Rojo — cómo Dios abrió las aguas al salir de Egipto. Pero escuchar la historia de otros no es lo mismo que vivir la propia. Y Dios, con ternura, repitió el milagro — esta vez para esa generación, en su propio río, en su propio momento. Porque a veces necesitamos nuestro propio cruce, no solo el que escuchamos contar.

Entonces hoy, piensa en esto: ¿hay alguien a tu alrededor que está en medio de un cruce difícil ahora mismo? Un amigo enfrentando una enfermedad, un familiar atravesando una pérdida, alguien enfrentando una decisión que da miedo? Sé tú, hoy, la presencia firme. Quédate quieto donde haga falta. Sostén el camino abierto hasta que esa persona cruce.

Tu firmeza puede ser exactamente el milagro que otra persona necesita ver con sus propios ojos.

Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana.