Día 60 · domingo, 1 de marzo
"Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación."HABACUC 3:17-18
Hola, mi querido… qué bueno tenerte hoy. Es By God's Call — día 60, Aun Así Me Alegraré.
Escucha estas palabras del profeta Habacuc, capítulo 3, versículos 17 y 18:
"Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales — con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación."
Deja que eso repose un instante.
Habacuc no escribe desde un lugar de abundancia. Está parado frente a un campo vacío. Y lo sabe con precisión — lo cuenta. La higuera. Las vides. Los olivos. Los sembrados. El rebaño. El establo. Uno por uno. Pérdida por pérdida. No aparta los ojos, no finge que todo está bien, no endulza el dolor con palabras fáciles. Hace un inventario honesto de su vida — y eso, de por sí, ya es un acto de valentía. La fe verdadera no te pide que mintas sobre lo que estás viviendo.
Pero entonces llega una expresión pequeña que lo cambia todo.
"Con todo."
Una bisagra. El lamento estaba abierto, y esa frase lo toma — y lo gira. Y del otro lado de la bisagra no hay negación, no hay resignación — hay adoración. "Con todo, yo me alegraré en Jehová." No en la cosecha. En el Señor. No en las ovejas. En el Dios de mi salvación.
Y aquí es donde la cosa se vuelve profunda.
Cuando el gozo de Habacuc depende de la cosecha, cualquier sequía puede arrancárselo. Pero cuando depende de quién es Dios — entonces ninguna pérdida tiene fuerza suficiente. Porque el campo puede secarse. La vid puede marchitarse. Pero el Dios de la salvación no se marchita con la higuera. Él sigue en pie cuando todo lo demás cae. Y de eso está seguro el profeta — no de circunstancias, sino de carácter. Del carácter eterno de un Dios que salva.
Esto me hace pensar en la diferencia entre la gratitud y la fe. Alabar cuando la mesa está servida — eso es hermoso, eso es gratitud. Pero alabar cuando la mesa está vacía — eso es otra cosa. Eso es fe. Y la adoración más alta, la que sube más hondo hasta el corazón de Dios, esa nace en el campo vacío, en los labios de alguien que no tiene nada que mostrar excepto la confianza que pone en el Señor.
Habacuc no llegó a ese "con todo" por accidente. Eligió. En medio de la escasez, eligió dónde poner su gozo. Y esa elección estaba disponible para él porque conocía al Dios en quien se alegraba.
Y está disponible para ti hoy.
Así que hoy, antes del desayuno — antes de abrir el teléfono, antes de revisar los mensajes — quiero que hagas lo que hizo Habacuc. Nombra en voz alta lo que falló. Di el nombre de la pérdida, del campo vacío, de la higuera que no floreció en tu vida. No lo escondas. Dilo. Y luego completa la frase: "Con todo, yo me alegraré en Jehová." Dilo como si lo creyeras. Porque puedes creerlo — no porque la situación haya cambiado, sino porque el Dios de tu salvación no ha cambiado.
Quédate con Dios. Ora — y luego, actúa. Hasta mañana, mi querido.